‘Chichi’ Creus: Ser decisivo con 41 años

‘Chichi’ Creus: Ser decisivo con 41 años
Dos años en el Barcelona (1980-82).

Javier Ortiz Pérez

La leyenda de Joan ‘Chichi’ Creus en el baloncesto español es extraordinaria. Baste decir que con 41 años lideró a su equipo, el TDK Manresa, a la mayor sorpresa de la historia de la canasta nacional: ganar una liga, la 97-98. El tópico de que hay cosas que, como los buenos vinos, mejoran con los años se llevó al extremo con él.

Fueron 24 temporadas como profesional, un número brutal. Creus debutó con 20 años en la Liga Nacional (1975-76). Había llegado al Hospitalet procedente de su Ripollet natal, donde había sido entrenado por Joan Todolí y ‘descubierto’ por Juan Coma, dos personas a las que recuerda con mucho cariño. Su padre fue jugador de la máxima categoría, aunque señala como ídolo a ‘Nino’ Buscató.

La primera parte de su carrera estuvo marcada por Granollers, donde vivió dos etapas con las distintas denominaciones de Areslux, Cacaolat y Grupo IFA: desde 1977 a 1980 y desde 1982 a 1993. El ‘paréntesis’ fue en Barcelona (1980-1982) y no llegó a triunfar allí, ‘tapado’ por Nacho Solozábal, aunque sí contabilizó algunos títulos (una liga y dos Copas).

En Granollers era el ‘amo’ y apareció en citas internacionales como el Eurobasket-83 (medalla de plata) y el Mundobasket-86. Sin embargo, llama la atención que alguien tan importante en la historia del basket español solo fuese 28 veces internacional.

Cuando el Granollers desapareció en 1993 se planteó retirarse. Tenía ya 36 años y, aunque se encontraba bien, le daba algo de pereza empezar de cero en otro equipo. Pero surgió la posibilidad de Manresa (donde su hermano menor, Jordi, había jugado unos cuantos años) y eso propició aquello tan increíble. El ‘aviso’ fue ganar una Copa del Rey en 1996, con un tiro suyo en los últimos segundos ante el Barcelona, lo que sería el precedente de la inolvidable final ante el Tau (3-1 con el factor campo en contra). “Fue el momento que con más cariño recuerdo después de 24 años, y eso que escoger no resulta fácil”, cuenta.

Desde siempre utilizó más la cabeza que las piernas. Físicamente era bajo incluso para ser base (1,76), pero eso lo resolvía con una gran inteligencia. Además, tenía fama de cuidarse muchísimo, como demuestra el hecho de que rebasase los 40 años participando más de 30 minutos en pista por partido. “Creo que siempre fui perseverante, competitivo, a la vez que un jugador tranquilo al que le gustaba pensar mucho en los partidos, antes y después”, analiza.

Después de una época como comentarista televisivo y en el ‘staff’ técnico de la Federación Española, en los últimos años ha sido el director deportivo del Barcelona, por lo que le corresponde una porción de mérito en los títulos conseguidos por el club blaugrana. Aunque, claro, no tan grande como en aquella liga loca del TDK Manresa.

Para saber más de él, tiro del libro ‘Históricos del baloncesto español’, de Juan Francisco Escudero, cuya compra por cierto recomiendo. En el capítulo dedicado a él habla más específicamente de cada etapa.

Los inicios. “Jugaba al baloncesto desde pequeño en mi Ripollet natal. Me encantaba jugar y lo hacía con ilusión. La influencia de mi padre fue importante porque llegó a jugar a un muy buen nivel. Lo mejor que te puede pasar cuando se dan estas circunstancias es que al final lo que es una gran afición se convierta en tu profesión”.

Hospitalet: “La primera temporada allí resultó muy dura, incluso al final de la misma el entrenador que había confiado en mí, Joan Coma, fue despedido, lo cual me colocaba en una disyuntiva difícil de afrontar. Por suerte, García Guevara, su sustituto, confió en mí aún más. Este hecho, que se tradujo en una inmediata titularidad que ya nunca perdí, supuso una subida de moral y autoestima notable. A partir de ahí me di cuenta de que mi futuro pertenecería al baloncesto”.

Barcelona. “No tuve ningún problema extradeportivo, ganamos títulos importantes y el ambiente fue bueno. Simplemente me habría gustado jugar más minutos, eso es todo. Ha sido la mejor plantilla en la que nunca he jugado”.

Granollers. “Allí desarrollé el núcleo de mi carrera. Éramos modestos, pero en algunas ocasiones conseguíamos grandes victorias ante equipos excelentes. Pero la historia acabó en 1993 debido a los sempiternos problemas económicos”.

La selección. “Tuve opciones de ir en más torneos. Sobre todo lo que me habría gustado ir es a unos Juegos Olímpicos. Fui a un Eurobasket y a un Mundial, pero cuando tocaba la cita olímpica siempre iba Llorente. En fin, mala suerte, pero Jose era muy buen jugador”.

La final con el Manresa. “Ellos (el Tau) eran claramente favoritos, la presión era suya. No teníamos nada que perder. Todas las ‘trampas’ tácticas que preparaba Scariolo, que fueron muchas y variadas, las solucionamos con mucha inteligencia, sin ponernos nervioso. Para aumentar algo la dificultad y darle más mérito al campeonato, Bryan Sallier jugaba lesionado. Dio igual, nos salimos con la nuestra”.