Pedro Robles: El tirador vuelve a las aulas

Pedro Robles: El tirador vuelve a las aulas
Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

A primera vista podría parecer que Pedro Robles era un ‘simple’ triplista, uno de esos jugadores que se plantan en la línea esperando a que les doblen alguna bola. Pero no. Aunque desde luego tenía una gran mano desde lejos, lo cierto es que en su carrera ACB lanzó más de dos que de tres, síntoma de que no estaba tan limitado en ese sentido. Fue un tipo de una gran fama de profesional, de serio y cumplidor, que alcanzó la cifra de 332 partidos en la máxima categoría (6,2 puntos en solo 15 minutos).

Su jugada clásica era armar el brazo rápidamente después de salir un bloqueo y clavarla. Y lo hacía bastante a menudo desde cinco metros. Ese arte del tiro a media distancia se está perdiendo un poco/bastante. Hay partidos en los que solo ves triples, mates o penetraciones. A Robles ya no le veremos más en las canchas de élite, ya que anunció su retirada el pasado verano después de un par de últimas temporadas en el Cáceres (Adecco Oro). Sí sigue en actividad en la Primera Nacional madrileña con el Torrelodones, con el que mata el ‘gusanillo’ y donde también dirige a un equipo infantil.

Ya ha cambiado de vida: es profesor en el Colegio _blank, en la zona norte de Madrid, un centro educativo de 1.200 alumnos relacionado con la fundación del Estudiantes. Y se siente contento así, aunque reconoce que la vida le ha cambiado por completo. “Estoy todavía adaptándome porque he empezado hace poco y todavía me siento más jugador que profesor. Tantos años haciendo lo mismo no se olvidan fácilmente”, cuenta desde su casa en Las Rozas, donde va superando una molesta neumonía. Hace unos meses le operaron por unos problemas que arrastraba en el talón. “Es curioso que en tantos años en el basket no he tenido casi nada y ahora me pasa esto”, lamenta.

Atrás quedan los años con Estudiantes, Gijón, Valencia, Tenerife y Murcia, siempre con la engañosa cuestión de los triples alrededor. “En España tendemos a encasillar a los jugadores. Es cierto que lo mío era el tiro exterior, sobre todo porque no era un portento físico y antes no había jugadores tan completos como ahora, pero ahí están los datos”, reflexiona. Se fue del baloncesto profesional “satisfecho”, con muchos “buenos recuerdos”, destacando los títulos (una Copa con el ‘Estu’ y una ULEB Cup con el Pamesa) y los ascensos, dos en Murcia. En el actual UCAM era especialmente querido y terminó como capitán.

Robles fue un producto de la cantera del Estudiantes, donde estuvo desde edad infantil. Había pasado anteriormente por dos colegios, el Santa María de los Apóstoles, de su barrio, Carabanchel Alto, y Pilaristas, algo más céntrico. “Pasé de un ‘cole’ a otro porque los entrenadores eran amigos. Y con diez años recorría buena parte de Madrid en autobús para ir a entrenar, algo inimaginable ahora”, recuerda. Terminó estudiando en el Ramiro de Maeztu, lo cual inevitablemente imprime un carácter barnizado de canastas.

A las aulas ha regresado ahora. “Te tienes que levantar temprano y ganas menos que en el baloncesto, pero es la vida real y hay que asumirlo”, dice. En algo que suena coherente con su papel como baloncestista, prefiere quitarse importancia cuando se le resalta el hecho de que estudió Magisterio (en su rama de Educación Física) al mismo tiempo que jugaba. “No fue tan difícil, no era una ingeniería como la que hizo Alfonso Reyes. Sí hubo una parte de sacrificio, porque me puse con ello cuando ya tenía tres hijos, pero si hay algo bueno en la carrera de un jugador es que tienes bastante tiempo libre”, destaca.