Steve Goodrich: Una casa en Girona

Steve Goodrich: Una casa en Girona
En Princeton, antes de llegar a Girona.

Javier Ortiz Pérez

Steve Goodrich solamente disputó cinco encuentros en el Girona de la temporada 98-99, pero supuso un curioso caso de adaptación a la ciudad. Poco se puede dudar de eso cuando apenas unas semanas después de llegar decidió comprarse allí una vivienda.

Quizás tenga que ver en algo la formación del chico: fue en Princeton, una de las universidades de mayor prestigio de Estados Unidos. La de España era su primera experiencia como profesional, aunque conocía tan bien Europa que había nacido en Bruselas por cuestiones laborales de su familia.

Sin embargo, sus números (7,4 puntos y 4,4 rebotes en 26 minutos) y sobre todo la falta de victorias de su equipo en los cinco partidos disputados conllevaron su sustitución por el veterano ‘enforcer’ Tim Kempton. Lo curioso es que luego no lo hizo tan mal en su carrera: jugó en Alemania, Italia, Turquía y Ucrania con dos pequeños paréntesis para la NBA (12 partidos en los Bulls 2000-01 y 9 en los Nets 2001-02). Incluso pasó unos meses en 1999 en La Palma, donde contribuyó al ascenso del equipo desde la EBA. Quizás le faltaba dureza, o al menos eso pareció en su mini-etapa gerundense, a la que no hay que olvidar que llegó como ‘jugador del año’ en la Ivy League, la conferencia que engloba a los ‘college’ del este con mucho poder académico.

“Me encantó vivir en España”, escribe ahora desde California. “Fue el primer sitio adonde fui después de la universidad. Y Girona es muy bonita. Vivimos en un gran apartamento y la liga era estupenda”, añade. Recuerda especialmente a Lourdes Hernández, “una mujer maravillosa que trabajaba en el club y ayudó mucho a mi novia (que ahora es mi mujer) a conseguir los permisos necesarios para poder trabajar”.

Cuando fue cortado, la novia de Goodrich ya tenía el trabajo, lo que les animó a continuar en la ciudad aunque él ya no jugase. “Al final compramos un apartamento y todavía lo tenemos hoy en día”, cuenta. Pero no es eso lo único que les une con el lugar: “Lourdes y sus amigos nos han venido a visitar a Estados Unidos y nosotros hemos vuelto varias veces allí”.

Dejó de jugar en el 2004, en la ahora agitada Kiev, con los que fueron probablemente los mejores números de su vida (17,4 puntos y 7,3 rebotes en la Eurochallenge). No había llegado todavía a los 30 años, pero decidió retomar la brillante carrera laboral que le auguraba su formación en la universidad. “Cada vez iba jugando más al este de Europa. Lo dejé para evitar acabar en Siberia”, broma.

Su vida desde entonces huele a éxito, aunque con estas cosas en la distancia nunca se sabe exactamente, y más como está el mundo financiero. “Conseguí otro grado en Empresariales y desde entonces he estado trabajando como ejecutivo de banca todos estos años. Ahora he empezado mi propia empresa (que se llama North End Financial), encauzada a ayudar a los bancos a que dejen dinero a pequeños negocios”.