Albert Illa: Pequeño e importante a la vez

Albert Illa: Pequeño e importante a la vez
Con el Espanyol (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Albert Illa es hoy nuestro hombre, uno de los jugadores de menor estatura (1,77) en la historia ACB, pero un base muy listo y rápido que fue valioso en varios equipos. Totalizó 257 partidos en la máxima categoría y 8,8 puntos en 30 minutos. Aparte de jugar bien, escribe fantásticamente. Os dejo con su amplio relato, muy ameno de leer, por cierto.

“Aquí estoy, encantado de aceptar vuestra invitación a desarrollar unas líneas que permitan situar un poco mi perfil dentro de la larga historia de la liga. Al hacerlo me siento pequeño, de hecho lo soy, e importante a la vez.

Hace poco pude ver un documental sobre Nate Davis que me emocionó como no lo había hecho este deporte en años. Casi coincidiendo en el tiempo, emitieron un programa autonómico en que un periodista convivía un fin de semana con Marc Gasol y su compañera en Memphis. Charlaban distendidamente sobre como es el día a día una estrella del baloncesto, sus rutinas, sus anécdotas, su lado humano, su carácter competitivo, etc. En ambos casos, y salvando las distancias, me sentí progresivamente identificado con los protagonistas.

En el caso de Davis, aparte de la crueldad del destino que contiene la historia, me transporté a ese otro baloncesto, el de los 80, el de los jugadores “de club”, aquellos que eran fácilmente identificables en ciudades emblemáticas y por los que los fans sentían gran pasión. No hacía falta ser una gran estrella para que tu gente te adorara.

Curiosamente estamos hablando de dos antidivos. Ambos afrontan este deporte como algo más en la vida, con gran naturalidad, pero, a la vez, en cuanto pisan una cancha de baloncesto se convierten en competidores puros, se transforman. No defiendo esta visión del deporte como la más correcta o la única, pero es la mía y así lo quiero reflejar.

Haz todo lo que esté en tu mano para acercarte a “tu” máximo nivel, con sesiones físicas, con tecnificaciones, con buenos hábitos alimenticios, con lo que sea, pero déjate mucho margen para vivir otras vidas, las realmente importantes, aquellas en las que debes desarrollarte como individuo. Familia, hobbies, opiniones e inquietudes político-sociales serán tu pequeño legado, por tanto, ocúpate de ello.

Y por último, Marc se muestra visionario cuando, y no pretendo ser literal, vislumbra que las sensaciones que está viviendo dentro de una cancha de baloncesto son absolutamente irrepetibles y no trasladables a otro ámbito en el futuro. Que nada de lo que pueda llegar a hacer le llevará a esta intensidad emocional. Humildemente, como personaje secundario de todo este tinglado, sólo puedo que mover la cabeza afirmativamente.

Me quedan muchos recuerdos concretos de mi época iniciática y uno global de la etapa profesional. En esta última, si tiras de memoria, vas recordando situaciones puntuales. De hecho, si haces un esfuerzo gratificante, puedes llegar a revivir partidos de forma fidedigna, ahora me estoy dando cuenta. Tanto los buenos como los menos buenos (… malos no hubo, ¿verdad? jajaja) tanto los importantes como los menos significativos. Pero cuando, a bote pronto, pienso en mi pasado como jugador, recuerdo perfectamente el día en que me “apunté” a este deporte con siete años, el momento en que se me entregó el primer número catorce en mi primer partido escolar, tengo grabado claramente dónde y cómo fue, también muchísimos flashes de cuando jugaba en minibasket y en etapa formativa, aquellos torneos inolvidables, aquellos nervios por jugar contra los equipos mejores que el tuyo. En fin, me veo como un chaval afortunado que, paso a paso, sin ser un portento técnico ni tener un físico específico para este deporte, fui avanzando en la senda del reconocimiento de sus entrenadores y compañeros y, también de forma continuada, cosechando triunfos colectivos, a la vez que encaminando personalmente su futuro hacia el deporte profesional. Creo que la clave de todo ello fue verme, siempre, algo inferior al nivel dónde se me ubicaba. Esto me exigió un extra de concentración para ser capaz de competir y disfrutar. Casi siempre lo conseguí tanto de pequeño como de “jugador”.

Un punto crucial en este trayecto fueron los cuatro años de juvenil y júnior vividos en Mataró, con un grupo de amigos formados en el propio club, donde conseguimos tres campeonatos de Catalunya y el acceso a tres campeonatos de España. Nuestros rivales catalanes? Jordi Villacampa, Andrés Jiménez, Rafa Vecina, Carlos Farfán, Josep Palacios y muchos otros. Grandes jugadores que militaban en grandes canteras a las que conseguimos doblegar con un juego ultrarrápido y arriesgado. Seguramente gracias a estos compañeros y a su esfuerzo, que era enorme, pude acceder a la selección júnior y, de allí, a las ofertas de los equipos profesionales.

Concretamente, en mi etapa ACB, me veo como un privilegiado que pudo llevar, de joven, una forma de vida nada habitual que dejaba tiempo para pareja, hijos, estudios, hobbies etc. Como decía antes, siento repetirme, un privilegio.

Recuerdo especialmente mi etapa de cinco años en el Espanyol de Barcelona con todas sus variantes de patrocinio-denominación, muy buenos deportiva y personalmente. Anteriormente, viví un primer año inolvidable en Hospitalet. Ahí conocí a Guifré Gol, para mí un referente, un maestro, excelente entrenador y, aunque suene a tópico, un gran tipo. De este periodo guardo grandes amistades, Jordi Freixanet, Epi, César Galcerán, Pepe Collins, José Luis Subías, Edu Ràfols …. y un montón de buena gente más. ¿Quizás lo mejor del deporte? Pues, como en la vida, probablemente sí.

Y si hay que tirar de batallitas, pues a por ello. Me quedo con un triple anotado a falta de cinco segundos que nos dio la clasificación para la Korac. Me lo ofreció Mike Philips, nuestra primera opción, defendido por medio equipo rival al poste bajo. Sacó el balón hacia fuera y había que lanzar. Ya en esta competición también recuerdo el partido contra Limoges donde conseguí un 7 de 10 en triples tras errar precisamente los tres primeros lanzamientos. ¡Ah! …. y hubo una vez en que anoté 35 puntos en liga, contra Collado Villalba.

¿Cómo me defino en la pista? Bajito, muy bajito. Jajaja.

No, aparte de cómo un obseso de la preparación física, sin la cual nunca hubiera podido llegar a competir, me veo como un director de juego que en ocasiones tuvo que reconvertirse en anotador, aunque ni ahora mismo me reconozco en ese menester. Me encantaba correr el campo y asistir con pases arriesgados que acortaban las transiciones ofensivas. Si no era posible, pues se corría un poco más para intentar asistir o finalizar en primera oleada. Ya en ataque estático pienso que era alguien disciplinado con buena lectura de las opciones de juego dentro del diseño táctico. De hecho el pase interior a los postes solía pasar por mis manos y también, sobre todo con Guifré de entrenador, los lanzamientos decisivos en finales ajustados. Acabé siendo un lanzador fiable de larga distancia sin ser ni mucho menos un tirador. Defensivamente no creo que intimidara demasiado, probablemente era mi punto débil, pero era un buen recuperador de balones y me esforzaba por disimular mis carencias llegando a las ayudas interiores y molestando lo que podía. Quizás, si algún rasgo impactaba por mi complexión física, era una cierta habilidad para penetrar y finalizar con bastantes recursos técnicos. Utilizaba efectos, rectificados, cambios de mano, todo para evitar el tapón y obtener éxito y, en muchas ocasiones, lo conseguía. Dediqué mucho tiempo a esos detalles.

En fin, repasando ahora mis estadísticas, cosa que no he hecho nada a menudo, veo que jugaba un montón de minutos y tenía muy buenas prestaciones en diversos apartados del juego. ¡Caray!

Tras mi retirada mi vida ha ido muy normal. Acabé Económicas y me puse a trabajar en una empresa de seguros. He intentado mantener el tiempo libre suficiente para disfrutar de mi familia y mis hobbies, cosa que he conseguido, y he estado entrenando desde que deje de jugar.

A nivel de hobbies, cine y sobre todo música me mantienen despierto y “estudioso”. Lectura menos pero también.

Como entrenador creo que me ha ido muy bien. He estado unos quince años como director técnico de la UEM Mataró, club en el que he entrenado directamente dos años al sénior masculino en liga EBA y otros dos al sénior femenino en Liga Femenina 2. He tenido la fortuna de obtener un campeonato de Catalunya y un subcampeonato de España júnior femenino, siendo reconocido, esa misma temporada, como mejor entrenador catalán femenino por parte de la asociación catalana de entrenadores. Me siento especialmente orgulloso del reconocimiento por parte de la FEB, debido a la trayectoria de los últimos años, como segunda mejor cantera estatal, a rebufo y a distancia de la inalcanzable cantera grancanaria. Creo que es un gran premio a una larga dedicación al club y a los frutos obtenidos en forma de campeonatos y aporte de grandes jugadoras a las selecciones femeninas y a la Liga Femenina 1.

Actualmente, estoy vinculado a un gran proyecto femenino en ciernes denominado Femeni Maresme Bàsquet, que tiene como objetivo apostar por la formación integral de jugadoras de élite desde la base. Nuestro objetivo es LF1 por la vía formativa. De hecho este mismo año, manteniendo el trabajo en las diversas categorías de formación, ya hemos empezado a trabajar con niñas de 10-11 años con resultados inmejorables a nivel catalán. La próxima temporada ampliamos categorías y proyecto. Enormes expectativas.

Mi punto negro es que, al verme obligado a dejar de jugar por una lesión grave de cadera, nunca he podido cumplir mi sueño de correr una maratón o, ya puestos, un ironman. De hecho, y no exagero, no puedo correr ni diez metros desde hace más de una década. ¿Solución? Pues pedalear. Es genial, compartes entrenamientos y rutas y, dado el caso, desconectas de todo a la vez que te permite grandes retos. La Maratón de los Monegros en BTT o las cicloturistas Quebrantahuesos y , sobretodo, l’Etape Barcelona-Andorra (Ordino Arcalís) son experiencias increíbles.

Llegar a las pistas de esquí de Ordino tras 10 horas y 20 minutos escasos sobre la bici… y sin caerte… es reconfortante. Pensándolo bien, quizás tanto Marc Gasol como yo estábamos equivocados y sí se pueden revivir esas maravillosas sensaciones.

Nada más, un saludo a todos y un placer permitirme soltar mis ideas”.