Patricio Fernández: Mezcla de sangre

Patricio Fernández: Mezcla de sangre
Imagen actual.

Javier Ortiz Pérez

Patricio Fernández Tassef presume de tener unos orígenes muy heterogéneos. Nació en Marrakech, de padre de Casablanca y madre búlgara, pasó buena parte de su infancia y juventud en Málaga y ahora vive en Canarias, donde regenta un restaurante griego. Por tener, hasta tuvo una abuela gibraltareña. Ah, claro, y jugó en la ACB. Poquito, pero jugó, y por eso aparece aquí.

Hay que remontarse a la temporada 87-88 para aquello. Fueron un puñado de minutos (10) repartidos en cinco encuentros dentro de un Caja de Ronda que se salvó a última hora del descenso de la mano de Zoran Slavnic en el banquillo y Adrian Branch tirándose hasta las zapatillas en la pista. Patricio era el típico pívot joven que echaba una mano. Solamente anotó un punto.

“En 1975 mi familia se trasladó a Málaga. Yo tenía once años y empecé a jugar poco después al baloncesto, en el colegio Guadaljaire. Entré en los infantiles del Caja de Ronda con José Manuel Romero como entrenador. También estaba Iñaki Zengotita, que luego fue base. A mí siempre me ponían de pívot porque era alto”, recuerda. En los registros oficiales aparece con 2,01, pero reconoce, con sorna, que “seguramente haya bajado de estatura desde entonces, no sé qué habrá podido pasar”.

Según cuenta, “en mi época de cantera era anotador, pero luego, más arriba, era más bien un peleón, muy fajador”. Cuando llegó a senior jugó en Primera B con el Córdoba, compartiendo pista con Carlos Cabezas, el padre del jugador internacional del Fuenlabrada. “Creo que viví la parte más bonita del baloncesto en Málaga. Tuve grandes compañeros como Manolo Rubia, Alfonso Portillo, Salva Gallard… ¡Hasta jugué una fase de ascenso a Primera B en Burgos con el Maristas cuando todavía ni estaba Imbroda!”, exclama.

Se retiró con 32 años y emprendió una nueva vida en el sector turístico. “Me vine a Canarias hace 15 años. Me destinaron aquí porque trabajaba de teleoperador en Fuengirola, pero luego la empresa quebró y decidí abrir el restaurante, un poco inspirado en mi abuela, que era búlgara, pero también tenía sangre griega”. Ahora es el propietario en Las Palmas de Gran Canaria de La Tasca del Azafrán, un restaurante donde pueden degustarse manjares con olor a Atenas.