Esteban Fontanals: Un ex ACB enterrador

Esteban Fontanals: Un ex ACB enterrador
En acción.

Javier Ortiz Pérez

Lo ‘mejor’ entre comillas de mi charla con Esteban Fontanals llegó al final. Después de una conversaación más o menos normal sobre su trayectoria como jugador, hice la pregunta de rigor.

--Oye, ¿y a qué te dedicas ahora?
--Soy enterrador.
--¿Qué?
--Sí, enterrador. Alguien tiene que hacerlo, ¿no?

Sí, efectivamente, alguien tiene que hacerlo. Pocas bromas sobre la muerte y la imprescindible industria que la rodea. A la larga, no deja de ser un trabajo como otro cualquiera: se requieren unas habilidades específicas y desde luego profesionalidad. Y no es el primer caso de ex ACB similar que traemos aquí: el antiguo base de Girona Darryl Johnson trabaja en una empresa de pompas fúnebres en Estados Unidos. Pero sí es la primera historia así que me topo en lo que se refiere a españoles.

Fontanals no me resultó una persona triste. Es más: estuvo bastante agradable, y transmitió estar muy ilusionado con la llamada. La conclusión es que fue otro ‘loco’ que disfrutó con el basket en sus años jóvenes. Y no tan jóvenes, como veremos. Pasó siete temporadas en el CB Hospitalet, su localidad natal, desde infantil a senior (1978-85). En ese lapso fue llamado para la selección catalana juvenil y participó en el debut ACB del club, que fue también el estreno del formato de la nueva liga (83-84), aunque con una participación testimonial como junior, apenas un par de minutos.

Era un alero de 1,92 sobre todo tirador, aunque reconoce que tuvo que arremangarse sobre todo tras la etapa de vinculación con el Barcelona, cuando fueron cedidos a Hospitalet algunos jóvenes azulgranas. “Teníamos menos calidad que ellos, pero acabé aprendiendo mucho de jugadores como Tramullas y Herminio Sanepifanio. Para mí fue importante estar en pista con gente como ellos, Albert Illa, Subías…”, recuerda.

La obligatoriedad del servicio militar entonces le cambió la vida. En 1985 fue destinado a Melilla, donde se quedaría cuatro años jugando, hasta 1989. El equipo estaba entonces en Segunda y no consiguió el ascenso a Primera B, pese a jugar alguna fase. Pero Esteban se llevaría muy valioso: “Conocí a mi mujer, nos casamos y fuimos a vivir a Hospitalet”.

Pasó entonces a disputar otro par de temporadas en el Sant Cugat, también de Segunda, donde acabó temporalmente su carrera en 1991. Se marchó a Esparraguera, donde empezó a colaborar con el club local. Y en el 2003 se dio un auténtico capricho: “a mis hijos les hacía ilusión verme jugar, así es que volvió a las pistas con 40 años durante dos temporadas, hasta el 2005”. Después de entonces, continuó en la directiva hasta la temporada pasada.

No le pregunté más sobre el oficio que le da de comer. Una cosa es ser un periodista curioso y otra alentar el morbo…