Sydney Johnson: Entrenador de ‘cerebritos’

Sydney Johnson: Entrenador de ‘cerebritos’
Festejando una victoria.

Javier Ortiz Pérez

Sydney Johnson no dejó mal regusto en Girona. Norteamericano con pasaporte francés, su condición de comunitario le permitió aguantar unos años en Europa alternando las posiciones de base y escolta (medía 1,92). En el entonces denominado Casademont estuvo en la recta final de su trayectoria (2003-04 y 2004-05), con promedios de 6,8 puntos y 2,7 asistencias en 29 minutos.

En aquellas dos temporadas únicamente se perdió un encuentro por lesión y en alguna ocasión llegó a estar a punto de ser cortado, pero aguantó. En Italia había acumulado bastante prestigio jugando para Gorizia, Reggio Calabria, Milán, Siena y Avelino. Curiosamente, cuando acabó en Girona en el 2004 fue fichado para reforzar en los ‘playoffs’ a Siena, pero no llegó a ser convocado.

Johnson es uno de esos jugadores que dejaba claro cuando estaba en la pista que tenía un entrenador dentro. Nacido en Lansing (Michigan), la misma ciudad que ‘Magic’ Johnson, se retiró bastante prematuramente (30 años) y pasó directamente a los banquillos, primero como ayudante en Georgetown (2004-07) y luego como jefe en la prestigiosa (académicamente) Princeton (2007-2011), dirigiendo ahora a Fairfield, otra universidad de alto nivel, esta situada en Connecticut. En este tiempo ha sido un par de veces ‘coach of year’ en la Ivy League. Son lugares caracterizados por el hecho de que sus jugadores son académicamente muy buenos y apuran los cuatro años de formación, en lugar de lo habitual en los últimos años, ese ‘one and done’ que a menudo ha hecho mucho daño.

Desde allí nos ha escrito para compartir un puñado de recuerdos: “Me encantó la parte de mi carrera que pasé en Girona. Por encima de todo, es una ciudad muy hermosa, con muy buenos restaurantes. Y después, encontré a muy buenas amistades, como el fisioterapeuta del equipo, el preparador físico y la mayor parte de los jugadores españoles que teníamos. Además, estábamos muy cerca de Barcelona, lo cual era magnífico para mí y para mi esposa. Viajamos hasta allí casi todos los días libres en los que no había ni entrenamiento ni partido”.

Parece muy feliz siendo entrenador, según nos cuenta. “Disfruto mucho, sí. La parte más importante de este trabajo es ayudar a que los jugadores jóvenes consigan sus sueños. Quieren terminar la carrera y al mismo tiempo jugar profesionalmente al baloncesto. En los siete años que llevo como entrenador jefe, todos los jugadores que he tenido se han graduado e incluso nueve de ellos se han convertido en profesionales, como Rakim Sanders (en el Brose alemán) y Derek Needham (del Siaulaia lituano). Estoy seguro de que ayudaré a más chicos a seguir por el mismo camino en el futuro cercano”.