Carlos Díaz: Pívot leonés amigo de los niños

Carlos Díaz: Pívot leonés amigo de los niños
Cromo de la temporada 96-97.

Javier Ortiz Pérez

Carlos Díaz Moro tuvo a las lesiones como enemigo principal en su trayectoria baloncestística, terminada prematuramente por problemas físicos. Al menos en el tiempo en el que estuvo en activo gozó del orgullo de representar a su ciudad, León, en la máxima categoría, totalizando 28 partidos entre las temporadas 96-97 (13) y 97-98 (15). En sus minutos (5 por encuentro) tuvo una aportación residual (0,9 puntos y 0,8 rebotes).

Se crió en la cantera del Baloncesto León, ascendiendo poco a poco peldaños hasta llegar al primer equipo. Su segundo ‘momento inolvidable’ fue en su única experiencia fuera de la ciudad, en Lugo, donde formó parte del ascenso a la ACB en la 98-99. Sin embargo, los constantes dolores en el tendón rotuliano de la rodilla derecha le torturaban y optó por la retirada. Solamente tenía 23 años, aunque siete después, en la 2004-05, se asomó a la EBA con el Zamora.

“De todos modos, fue una experiencia muy bonita”, afirma, con una sonrisa en la boca. De la vida hay que extraer lo positivo de lo que te pasa y olvidar lo negativo. “Tuve la suerte de compartir vestuario con grandísimos jugadores y de poder jugar en casa, así es que debo estar contento”, añade.

Competitividad. Ese es un concepto con el que se queda, sobre todo. “El deporte te da ese tipo de valores para el futuro. Me hubiese gustado poder competir mejor, pero con las lesiones no lo pude hacer tanto. Pero siempre me quedará la disciplina que te da entrenar todos los días, montar la vida alrededor de un objetivo. Haber sido jugador profesional es una etapa que te acompaña para siempre ya”, reflexiona. Eso sin contar la cena anual que comparte con ex jugadores de la zona. “Son realmente brutales, un montón de horas recordando anécdotas de nuestra época. Lo pasamos sensacional”, explica.

Díaz mide 2,05 y era un interior claramente orientado a la defensa. Él mismo no tiene inconvenientes en definirse a sí mismo como “un boxeador”. “Tenía mucha fuerza por pura genética”, agrega, consciente del trabajo que se le reservaba.

Después de dejar las pistas parece que ha tenido éxito en el mundo de los negocios. Creó junto con su primo una empresa de parques infantiles llamada Divernodia que ha cuajado en León, ampliándose poco a poco a otras actividades también relacionadas con los más pequeños, como la organización de cumpleaños. Podéis echarle un ojo a su web. “Nos hemos hecho un hueco. Creo que hemos sido pioneros en la zona con el tipo de producto que realizamos”, reconoce. Por descontado que le encantan los niños, aunque no tiene hijos. Si algún día los tiene, podrá contarles que un lejano día jugó baloncesto para el equipo de su ciudad, a orillas del Bernesga.