Antón Soler: Casi 48 y jugando

Antón Soler: Casi 48 y jugando
Huesca (1987-89, 93-94).

Javier Ortiz Pérez

Antón Soler sigue jugando. Sí, como suena. El próximo día 30 cumple 48 años y él sigue ahí, luchando en la zona. Obviamente, no es una categoría profesional, pero sí nacional: la Primera balear, justo por debajo de la EBA. Bueno, al fin y al cabo sigue midiendo 2,05 y, por lo que se ve en las fotos y cuentan sus compañeros, está bastante bien físicamente.

Soler disputó las once primeras ligas ACB de forma ininterrumpida, desde 1983 a 1994, con unos números discretos de 4,6 puntos y 2,4 rebotes en 16 minutos. Era un interior algo tosco, pero que hacía correctamente el trabajo que se le encomendaba. De hecho, es un dato a resaltar en positivo que tuviese mucho protagonismo tanto en Huesca (1987-89) como en Villalba (1989-92), equipos que ficharon aleros americanos confiando en el producto nacional para complementar al otro extranjero bajo los tableros.

Nacido en Madrid, vivió desde los diez años en Bilbao, donde su Antonio (Demetrio) de nacimiento se transformó para siempre en Antón. “Ahora cuando dicen ‘Antonio’, ni me giro”, bromea. Sí, es un tipo de un humor estupendo, muy fino. Cuando le contacté me preguntó si llevaba “la sección de prehistoria” de la página.

Jugando en los Maristas de la capital vizcaína llamó la atención del Joventut, que le reclutó para su cantera tras verle en un Campeonato de España y le hizo debutar en la máxima categoría con apenas 16 años. A esas alturas ya era un fijo en las selecciones inferiores. “Creo que no se puede tener mejor escuela para aprender a jugar baloncesto. Tuve mucha suerte de caer allí, porque aunque era muy difícil asentarse en el primer equipo por la fuerte competencia que había, sí que fue bueno aprender de los mejores, viajar y entrenar con ellos tanto por España como por Europa”, recuerda.

Él mismo se manifiesta consciente de sus limitaciones: “Está claro que era el tipo de jugar que si no destacaba en ataque, tenía que compensarlo con otras cosas. Un ‘5’ nato ppara el contacto, el rebote, la defensa, y en ataque hacer lo que podía, un poco lo que me caía”. Un dato que él destaca es que no vivió ningún descenso en su carrera, y eso que anduvo cerca tanto en Huesca como en Villalba y Cáceres.

A partir de 1994, tras una segunda etapa oscense de menos protagonismo que la primera, demostró que quería ser longevo en el basket. Tenía 28 años y veía la retirada muy lejana: EBA, LEB, Primera Autonómica… Lo que fuese por seguir disfrutando del baloncesto. En una de esas acometidas se enamoró de la isla de Menorca (algo nada difícil, por cierto) y allí se quedaría para siempre. Vive en Es Castell, muy cerca de Mahón. “Es comodísimo vivir aquí, aparte de por lo bien que se está en verano, claro. Las tareas dirías son sencillísimas de hacer”, dice.

Como nunca perdió el baloncesto de vista y se mantenía en forma, a Soler le ‘liaron’ este verano para seguir jugando en La Salle, el club que intenta recoger el testigo del desaparecido Menorca Basquet. No está solo en cuanto a nombres ilustres en ese vestuario: hay otros dos ex ACB en sus filas, ‘Tisi’ Reynés y Francesc Sabaté, de los que hablaremos próximamente. “Soy mayor, sí, pero se aguanta bien. Son apenas dos entrenamientos por semana y cuando hay el más mínimo problema, pues paras”, dice.

A nivel profesional, trabaja en una empresa de seguridad. En los últimos años ha estado en el control de accesos y la zona administrativa de Gesa-Endesa en Menorca.