David Brabender: Olvidarse de las comparaciones

David Brabender: Olvidarse de las comparaciones
En el Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

David Brabender está en el mismo saco que gente como Edgar San Epifanio, Jan Martín, Sergio Luyk y próximamente Tautvydas Sabonis (si se habla de basket) o Jordi Cruyff (en fútbol): sus padres son auténticas leyendas de un deporte al que ellos también se acabaron dedicando. Y, claro, cualquier comparación es odiosa, por mucho que cada uno de los hijos sean buenos profesionales. Wayne Brabender fue el alero más influyente del basket nacional hasta los 80, un jugador revolucionario.

Los méritos de Brabender hijo (casi 20 centímetros más bajo y director de juego) son difícilmente discutibles como profesional ‘standard’ de la ACB: doce temporadas divididas en cinco equipos (Villalba, Cáceres, Valladolid, Fuenlabrada y Gran Canaria) y un papel no precisamente testimonial. Se quedó a un partido de los 400 y promedió 4,8 puntos y 2,1 asistencias en 18 minutos. Además, gozó de una sólida formación en el Real Madrid –con cuyos veteranos todavía juega-- y disfrutó del ascenso no consumado con el Guadalajara en la 92-93. Era buen defensor y un tirador bastante fiable (38% en triples). Incluso en la segunda mitad de su carrera logró despegarse de la etiqueta de segundo base que le amenazaba en Cáceres. Un buen tipo. Y muy educado. Veamos cómo lo percibe él.

“Mi día a día es lo suficientemente intenso como para no estar recordando demasiado mi etapa como jugador, pero como la empresa para que trabajo (U1st Sports) está en el mundo del deporte, siempre lo tengo presente. Sé que llegué al límite de lo que mis circunstancias físicas me permitían. Estar 12 o 13 años en la élite con el talento que yo tenía es para estar satisfecho. Cuando llegas al límite de algo, debes estar satisfecho”.

“Cuando era un chaval sí que se me hacía más duro que todo el mundo acabase comparándome con mi padre, pero con el tiempo acabé diciéndoles que se comparasen ellos, porque realmente hacerlo con un jugador que ha ganado cuatro Copas de Europa como él es imposible. Lo que me ocurrió a mí ya le pasó a otra gente como Sergio (Luyk) y al final te das cuenta de que lo único que puedes hacer es estar orgulloso de tener un padre así. Lo demás no sirve de nada”.

“Creo que yo entendía bien el juego, que era buen defensor y que fui mejorando en el tiro a base de trabajo. Lo bueno es que he vivido el baloncesto desde muchos aspectos: como niño viendo a mi padre como jugador, luego como entrenador… Eso realmente te da una perspectiva muy buena de lo que puedes aportar”.

“Creo que mi mejor baloncesto fue en la parte final, en el Gran Canaria. Sentía que cada año era mejor. Una cosa mía era que trabajaba cada verano para aumentar mi rendimiento en algún aspecto, y eso fue lo que me mantuvo ahí. También estuve a gusto en Cáceres, Valladolid, Fuenlabrada… En todos los sitios”.

“Jugaba, pero tampoco descuidé los estudios. Terminé Empresariales con 22 años. En U1st Sports dirijo el departamento de ‘marketing’ deportivo. Estoy en contacto con las marcas y organizamos eventos. Ahora no estoy en la parte más conocida de la empresa, que es seguramente la de representación de jugadores”.