Rubén Méndez: Recuerdos desde el estanco

Rubén Méndez: Recuerdos desde el estanco
Con el Gipuzkoa Basket.

Javier Ortiz Pérez

A Rubén Méndez le llaman desde siempre ‘Bubi’. “Me lo pusieron muy pequeño. Creo que fue mi padre”, dice con un espectacular desparpajo. Se trata sin duda de uno de los jugadores más simpáticos que me he encontrado en este tiempo, cerca de dos años a una historia diaria.

Leonés de nacimiento y también de crecimiento baloncestístico, solamente jugó un partido en la máxima categoría. Fue con el equipo de su ciudad, el 6 de noviembre de 1999, en la pista del Cáceres. Estuvo cuatro minutos en pista y no llegó a anotar. “Me sorprendió salir, la verdad. No sé en qué estaría pensando José Luis Oliete, porque fui casi el ‘sexto hombre’ y fue un poco un ‘marrón’. Luego ya no volví a tener ninguna oportunidad, aunque quizás la hubiera merecido”, cuenta. El equipo perdió por poco margen (67-62).

Era muy joven (20 años) y empezó entonces una ruta por distintas categorías federativas: LEB-2 con Doncel y Algeciras, LEB en Algeciras, León, Tarragona y Bruesa , EBA en Alcázar y LEB Bronce también en Alcázar. Todo eso hasta el 2009, cuando decidió darle un curioso giro a su vida que más abajo contaremos.

Antes conviene descubrir cómo se veía a sí mismo. “Cuando empecé en el EBA del León era bastante anotador, tenía mi status cogido dentro de la cantera. Luego ya fuera de casa no es tan sencillo poder tirarte todos los balones y me fui amoldando a lo que me pedían los entrenadores”, comenta. Entre ellos, sin duda Porfi Fisac fue el más influyente de su carrera: le tuvo en Villanueva de la Serena, Algeciras y San Sebastián, donde sumó un ascenso a la ACB en el 2006.

Retomamos lo de su giro vital, que tiene su miga: cuando estaba en Alcázar conoció a su pareja, que se trasladó a Sevilla por cuestiones laborales en el 2009. Hasta la capital andaluza la acompañó y primero intentó entrar en el filial del Cajasol como el clásico veterano que ficha para ayudar, “pero en los entrenamientos vi que eran jóvenes que corrían mucho y yo ya estaba bastante cascado con las lesiones”. Así es que se puso a trabajar en un Mercadona haciendo un poco de todo: reponedor, cajero… “Estuve dos años. Aprendí mucho porque es una gran empresa, en la que todo está muy bien estructurado, y además venía del mundo del deporte, en el que es todo diferente. Pero decidí marcharme porque no vi muchas posibilidades de progresar”, afirma. ¿Y qué hizo? Atención: “Me enteré que cerca de mi casa (en el barrio de Nervión, muy cerca del estadio Sánchez Pizjuán) se traspasaba un estanco, así es que lo vi un negocio bastante seguro e hicimos entre todos un esfuerzo. Me ayudó mi familia, mi novia… Desde finales del 2012 lo llevo y va bastante bien. No es lo de antes porque cada vez fuma menos gente y hay mucho contrabando y los rollos de los vapeadores, pero da para comer”.

Una aclaración: vive del tabaco, pero el propio ‘Bubi’ reconoce que no fuma. En su estanco tiene dos espectaculares vinilos de Audrey Hepburn (ver la foto) y la película ‘Casablanca’. “La gente se hace fotos con ellos”, cuenta.