Arriel McDonald: ‘Black euro player’ en Fontajau

Arriel McDonald: ‘Black euro player’ en Fontajau
Título europeo con el Akasvayu Girona.

Javier Ortiz Pérez

La presencia de Arriel McDonald durante tres temporadas en el Akasvayu Girona fue la expresión del lujo con el que se manejó el fallido proyecto en el pabellón Fontajau. La cosa acabó como acabó, es decir, mal, pero como mínima compensación se pudo ver aquí, por ejemplo, a uno de los mejores bases del continente europeo de principios de siglo.

El valor de McDonald fue grande a raíz de conseguir la nacionalidad eslovena, con cuya selección llegó a jugar. Llegó a Bélgica en 1994 siendo un desconocido, pero solamente hay que ver el largo tiempo que pasó posteriormente en ‘grandes’ como el Maccabi (1999-2002) y Panathinaikos (2002-2004) para darse cuenta de su relevancia. El punto de inflexión fue cuando consiguió el pasaporte esloveno en 1997, coincidiendo con la apertura de fronteras.

Cuando el Akasvayu le fichó, en el 2005, ya no estaba en su cumbre (33 años), pero dio buenos ratos de baloncesto e incluso un título como la FIBA Eurocopa del 2007. Fueron 112 partidos ACB con 10,7 puntos en 25 minutos. Encaraba con fuerza el aro y, claro, con el tiempo se fue haciendo más inteligente, entendiendo mejor el juego europeo. Eso le dio para llegar hasta los 37 con el Montepaschi Siena, donde se retiró en el 2009. 17 títulos en total en su paso por el ‘Viejo Continente’, no está nada mal, con la Suproliga (la última versión de la Euroliga controlada por la FIBA) en el 2001 con un Maccabi en el que estaban también Nate Huffman y Anthony Parker, entre otros. En Israel llegó a ser bastante popular y protagonizó un anuncio de Burguer King haciendo un juego de palabras con su apellido.

El tipo, de regreso a Estados Unidos, ha estado muy majo respondiendo rápidamente a mi habitual cuestionario. “De España, lo que más recuerdo sobre todo son las cenas en casa de Darryl Middleton, que ya sé que sigue jugando. Yo solía cocinar cenas especiales para mis compañeros. Recuerdo cuando ganamos la Eurocopa en Fontajau y la ciudad de Girona se puso muy feliz. Y también recuerdo que la vida fuera de la cancha era muy cómoda y que nos queríamos quedar en Girona después de retirarme. Llegué incluso a hablar con la directiva para quedarme entrenando, pero no pudo ser”, comenta.

Preguntado por su definición de sí mismo, es, como mínimo, curiosa. No lo voy a traducir: McDonald se ve a sí mismo como un “black euro player”. “Era listo como los jugadores europeos y tiraba bien como ellos, pero también tenía mi toque callejero”, explica. Desde luego, falsa modestia no tiene: “Me veo como uno de los jugadores más listos de Europa”.

Ahora está trabajando en dos vías: “comento baloncesto universitario en televisión y al mismo tiempo soy entrenador en Providence Academy”, en el estado de Minnesota. Muy romántico final cuando dice que tiene un hijo de nueve años y que sigue casado con su (tampoco lo traduciré) “college sweetheart”.