Vicente Lafuente: Un ‘4’ “de los de antes”

Vicente Lafuente: Un ‘4’ “de los de antes”
Caja de Álava 84-85.

Javier Ortiz Pérez

Vicente Lafuente es maño, pero nunca llegó a jugar profesionalmente en el equipo de su ciudad. Siendo juvenil, el Real Madrid reparó en sus cualidades y le fichó para su cantera. Estamos hablando de mediados de los 70, de un baloncesto un poco ‘antediluviano’ si nuestra referencia es la creación de la ACB en 1983.

El Miñón Valladolid y el club blanco colaboraban intensamente entonces y Lafuente fue cedido allí junto a jugadores como Arturo Seara, Samuel Puente o José Manuel Beirán. En la capital del Pisuerga hizo su mejor baloncesto durante ocho años, aunque no constan datos ya que la primera categoría era la Liga Nacional, bajo el control federativo.

¿Qué tipo de jugador era? Para empezar, estéticamente se apuntaba al moda de la época del bigote, aunque anteriormente había tenido barba. Ahora, ni una cosa ni otra, por cierto. “Con dos metros como los que yo mido, entonces tenías que jugar por dentro, así es que básicamente era un ‘4’. Quizás en otra época habría evolucionado a alero. Entonces no salíamos tanto fuera como los ‘4’ de ahora. Lo que sí digo es que me gustaba correr el contragolpe”, afirma él.

Lafuente ‘debutó’ en la ACB 83-84 con el Baskonia, entonces denominado Caja de Álava. En Vitoria pasaría los tres siguientes años promediando 4,4 puntos y 2,1 rebotes en 16 minutos ofreciendo buenos relevos a los americanos de turno y después bajaría al escalón de Primera B. Siendo veterano ya, se convertiría en una pieza valiosa como complemento interior, garantizando como mínimo pelea. La prueba es que en ese tiempo participó en dos ascensos, el del Caja San Fernando en la 88-89 y el del Elosúa León en la 89-90, cuando ocupó la plaza de Miguel Ángel Fernández tras su accidente de tráfico. También pasó un par de años por Burgos, en el mítico Tizona (fascinante nombre para un equipo de basket).

“Tengo un recuerdo muy intenso de todo aquello. Sigue siendo algo muy presente en mi vida y por supuesto que soy aficionado al baloncesto”, cuenta desde Vitoria, donde se fue a vivir después de la retirada. Las mujeres, ya se sabe. También consiguió una ocupación laboral en la capital vasca. Y es que se lo ‘curró’. Al tiempo que jugaba había conseguido completar una carrera tan exigente como Psicología (“parece que entonces nos organizábamos mejor y le sacábamos tiempo al tiempo para poder hacerlo”) y eso le abrió las puertas del Área de Bienestar Social, donde trabaja con personas con discapacidad.