Vicente Gil: Base clásico… e independiente

Vicente Gil: Base clásico… e independiente
En el Estudiantes (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Vicente Gil, base de la vieja escuela. Uno de los últimos, seguramente. Cerebral y descarado al mismo tiempo, con más gusto por pasar que por tirar, amante de los marcadores altos en sus equipos. Y fiel, muy fiel. No se crió en el Ramiro de Maeztu, pero prácticamente toda su carrera la pasó en el Estudiantes, excepto el principio, con el YMCA España (74-75), y el final, en el Cajabilbao 89-90. Computa 169 partidos ACB (9,8 puntos en 29 minutos), a los que habría que añadir los muchos que jugó en la Liga Nacional antes de 1983.

“Disfruté mucho jugando. Tuve la suerte de compartir pista con grandes compañeros y vivir un ambiente realmente bueno”, indica. “En aquel entonces ganábamos bien poco. Primaban más otras cosas”, señala. Y eso que él no era desde luego un secundario: fue titular prácticamente durante toda su carrera y vivió la curiosa circunstancia de ser llamado dos veces a la selección con ocho años de paréntesis, primero en 1977 y luego en 1985, para el Eurobasket de Alemania.

En esa España post-plata en Los Angeles-84, que acudía con una enorme presión, era el teórico tercer base y acabó siendo el más destacado, por encima de Quim Costa y ‘Joe’ Llorente. Sobre todo se le recuerda su partido ante la URSS, a la postre campeona, cuando brilló frente a los bases soviéticos (Valdis Valters y Valdemaras Homicius) imprimiendo un ritmo vertiginoso. Condujo al equipo nacional a la victoria por 99-92 a pesar de que hasta entonces apenas había jugado. Sin embargo, quedarse fuera del podio (cuartos, tras una increíble derrota ante Checoslovaquia en semifinales y otro resbalón frente a Italia en la consolación) estropeó el recuerdo de aquella hazaña.

Luego, lamenta mucho no haber ido al Mundobasket-86. “Antonio Díaz Miguel me dejó tirado. Dijo que llamaba a ‘Chichi’ Creus porque era el base que más rebotes cogía, lo que fue muy comentado en su momento. Supuso un gran disgusto para mí porque realmente sentía que merecía ir”. En total fue 28 veces internacional. Tenía fama a nivel personal de ser muy independiente, muy de no morderse la lengua en ningún momento, y de protestar mucho a los árbitros.

Desde su 1,76, Gil mandaba en aquellos años liderando el juego alegre del Estudiantes, con el que había sido subcampeón liguero en la 80-81. Tuvo la ocasión de ir en una ocasión al Barcelona y quizás su trayectoria hubiese sido más sonora, más mediática. “Nunca sabes y siempre quedará la duda de qué hubiese pasado de haber aceptado. Eran otros tiempos y no me arrepiento. Era muy joven y para mí entonces salir de Madrid era complicado por cuestiones familiares”, relata. Había empezado a jugar en el Canoe “casi por casualidad” tras abandonar el fútbol, por el que en principio sentía predilección. En basket destacó muy rápidamente.

“Intentaba darle mucha velocidad al equipo, ponerle mucha intención ofensiva. Correr o bien buscar un pase largo, que es algo que ahora no se intenta tanto. Nos lo pasábamos muy bien jugando. Por eso me encanta ver al Real Madrid hoy por hoy”, afirma preguntado por su estilo.

Ahora se gana la vida como agente inmobiliario en Gilmar, la empresa en la que Jesús Gil Marín continúa la obra de su controvertido padre. “Hay que confiar en que las cosas vayan mejorando”, indica sobre los problemas su sector. En mayo cumplirá 60 años.