Suso García: Vocación por la fisioterapia

Suso García: Vocación por la fisioterapia
OAR 89-90.

Javier Ortiz Pérez

Definitivamente, la de fisioterapeuta se confirma como una de las profesiones más habituales para los jugadores cuando dejan el baloncesto. Suso García se une a una nómina que va aumentando poco a poco.

“Para mí ha sido algo vocacional, que siempre me ha gustado. Y cuando has sido jugador y alguien te dice que te duele, ya sabes cómo le duele y dónde le duele. Yo ya era el típico que cuando tenían que tratarme siempre le estaba preguntando cosas al fisio y te vas quedando con detalles”, cuenta ahora, establecido por su cuenta en Ferrol, donde pasó la mayor parte de su carrera en distintas categorías.

No debe haber muchos casos como el suyo: ha defendido a la ciudad gallega en ACB, la antigua Primera B, Segunda, EBA, LEB y LEB-2. Y eso que no nació allí, sino en Vigo, donde destacó y fue fichado por el OAR en edad junior, con 17 años. También le dio tiempo a estar alguna que otra temporada en Ourense (con el que logró un ascenso a la máxima categoría en la 88-89) y A Coruña. Su única salida fuera de Galicia la califica como “un desastre”: fue en la 92-93 en Valladolid, donde no llegó a debutar en liga, aunque sí en competición europea.

La evolución de Suso García, cuenta, fue un poco al contrario de lo habitual para un chico joven: “me ficharon en Ferrol como alero, pero acabé como pívot por necesidades del equipo porque no había centímetros dentro. Quizás en otra época hubiese jugado más como ‘3’, creo yo. Tenía muy buen tiro exterior y mucha potencia de salto, corría bien y era duro en defensa. Creo que era más defensivo que defensivo”. Estaba en 2,02 de altura. Tampoco tuvo suerte con las lesiones en un momento clave de su carrera.

Su única campaña en ACB fue la 89-90 (12 partidos y 1,6 puntos en 7 minutos de media). Sacaba mejor partido a sus cualidades en categorías inferiores, demostrando desde 1994, a su regreso desde A Coruña, una tremenda fidelidad a Ferrol: primero jugó en los últimos años del extinto OAR y luego en su sucesor, el Club Baloncesto Galicia, allá donde estuviese. Así hasta el 2005. “Me gustó mucho hacerlo. Era un tiempo en el que el baloncesto se vivía muy intensamente en muchos lados, pero sobre todo aquí. Haber coincidido en la cancha con leyendas como Drazen Petrovic o Arvydas Sabonis es algo que tampoco se te puede olvidar. Volvería a hacerlo sin ningún género de dudas”, añade.

Su vinculación con el baloncesto este tiempo ha sido ligera, a través de entrenar a niños pequeños en las escuelas. Para dirigir más arriba asegura que le falta “vocación”, la misma que sí tiene con la fisioterapia.