Torraye Braggs: Impulsividad juvenil

Torraye Braggs: Impulsividad juvenil
Última parada española, en Manresa 99-2000.

Javier Ortiz Pérez

Era bueno, pero al mismo tiempo un tipo complicado, este Torraye Braggs. Uno de estos jugadores en los que el talento va de la mano de cierta propensión en meterse en jaleos. En España estuvo brevemente en tres equipos distintos en el lapso de un año y pico (Cantabria, Gran Canaria y Manresa) y el denominador común fue ese. No ocurrió nada especialmente grave, pero sí que le costaba escuchar a los entrenadores y mantener la concentración durante los partidos. Seguramente era algo que tenía que ver con la agresividad que le ponía a su juego.

No es una conclusión mía. Él mismo lo reconoce. Ocurrió hace mucho tiempo y era un tipo más joven e impulsivo. Estamos hablando de las temporadas 98-99 (en la que pasó de Torrelavega a Las Palmas ocupando puestos de lesionados) y 99-2000, en la que fue un refuerzo de última hora del TDK para evitar el descenso. En total, 24 partidos con 16,5 puntos y 7,6 rebotes en 30 minutos.

Era un de estos ‘cuatros’ bajitos (2,02 aproximadamente), pero muy fuertes, con hombros desarrolladísimos que usaba para ganar la posición. “En España encontré gente estupenda, aunque no fue un gran negocio para mí. La experiencia fue buena pese a lo corta que resultó. La comida muy buena y los aficionados, absolutamente locos por sus equipos”, cuenta desde Atlanta, donde espera una oferta para prolongar un poquito más su carrera. Pronto cumplirá los 38 y en este tiempo ha conocido un montón de países: Uruguay, República Dominicana, Colombia, México, Argentina, Grecia, Israel, Rusia, Filipinas, Corea del Sur… Lo que se dice un auténtico trotamundos.

Según él, el nuestro es un baloncesto de “die hards”. Sinceramente, no he conseguido encontrarle una buena traducción a eso aparte de lo de “duro de pelar”, pero su explicación puede darnos algo de luz: “Así es como llamamos en casa. Sabían igual que lo sabía yo que iba a ser una guerra hasta el final, victoria, derrota o empate”.

Braggs apunta con cierta rabia que “si hubiese sido un poco más maduro y hubiese conocido mejor cómo funcionaba el negocio, probablemente nunca me hubiese ido de España, excepto a la NBA. Parte de madurar consiste en saber cuándo ceder, cuándo dar un paso atrás. Eso me hubiese liberado de tensión y de más de un disgusto. Y no solamente eso: me hubiese permitido estar emocional y físicamente bien para disfrutar de un deporte que amo”.

Seleccionado por Utah en el puesto 57 de 1998, resulta casi emocionante pensar en que, tras varias intentonas, finalmente consiguió el sueño de jugar en la NBA. No fue mucho (22 partidos entre Houston y Washington en las temporadas 2003-04 y 2004-05), pero ya aparece en los libros.