Miroslav Beric: Desde Belgrado en español

Miroslav Beric: Desde Belgrado en español
Atacando el aro contra el Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

Lo primero que llama la atención con Miroslav Beric es el excelente español que conserva, después de tantos años. El tópico de que los balcánicos lo aprenden rápido y bien se cumple perfectamente. ¿Cómo lo consiguen? “Talento”, responde entre risas. “También creo que si estás en un país varios años y no coges el idioma, es que no tienes interés”, añade.

Talento es lo que a él también le sobraba sobre la pista: un escolta-alero de un tiro exterior letal que tampoco rehuía el sacrificio. Fue una de las bases del Tau de Sergio Scariolo en las temporadas 97-98 y 98-99, promediando 15,4 puntos en 31 minutos en pista (¡47% en triples!). Sus otras dos experiencias españolas, en Menorca y Gijón, no fueron tan brillantes.

Beric está en Belgrado, donde afirma no tener un trabajo fijo. Durante los últimos años ha ejercido como ‘team manager’ –algo así como delegado-- del equipo nacional serbio que dirigía Dusan Ivkovic. Ahora espera empezar a colaborar con el Partizán, el club de su corazón (“¡está claro que no puedo ir al Estrella Roja!”), en un puesto todavía por determinar. “No me atrae ser entrenador. Ya lo sabía cuando era jugador. Prefiero ser general manager o algo similar. Es algo que me encanta”, indica. Una posible referencia suya es Alfredo Salazar, el reputado ojeador del Laboral Kutxa: “Es una persona que ha fichado muchos grandes jugadores que no conocía mucha gente porque sabe ver dónde está el talento”. Y también elogia a Josean Querejeta: “Ha construido un gran club con mucho mérito”.

El ex jugador considera que su época en el Baskonia supuso “poner las bases” de lo que es ahora, “un gran club”. “Nosotros hicimos por primera vez muchas cosas, como llegar a la final de la liga, aunque no pudimos ganarla”, dice, en referencia a la derrota del 98 frente al TDK Manresa. Su recuerdo, pese a todo, resulta inmejorable. “Me sentí muy bien en Vitoria en todos los sentidos. Era la primera vez que salía fuera de mi país a jugar y todo salió mejor de lo que esperaba. Acerté yendo allí porque es un gran club y una gran afición que siempre nos apoyaba”, explica.

Ese tiempo le sirvió para estar en primera fila de los aleros europeos durante bastante tiempo. En Verona, Scavolini y Partizán (máximo encestador de la Suproliga FIBA en la 2000-01) siguió especializado en anotar, un perfil que contrasta con el que tenía en la selección yugoslava. Con la presencia de jugadores como Predrag Danilovic o Dejan Bodiroga en su posición, se dedicaba básicamente a defender. “Cuando eres jugador, tienes que hacer lo que te pide el entrenador. Era normal porque en aquel equipo había mucha calidad. Pero defender también era importante. Recuerdo que en la final del Mundial del 98 entre Scepanovic y yo anulamos a Babkov, que estaba imparable”, dice. Aquella fue una de sus tres medallas de oro con los ‘plavi’ (las otras dos, en los Eurobaskets del 95 y el 97), además de la plata en Atlanta-96. Una cosecha fantástica.

Con el tiempo acabó regresando a España, pero con poca puntería en la elección de los equipos y en la propia pista. Tanto en el Menorca 2005-06 (ACB) como en el Gijón (2006-07) llegó como refuerzo iniciada la campaña, pero fue cortado antes. En Asturias disputó su último encuentro oficial. “Siempre lo recordaré por eso. Curioso, ¿no?”.