Miguel Ángel Vílchez: Huelva ante todo

Miguel Ángel Vílchez: Huelva ante todo
Entrando a canasta el año del ascenso (Foto: Gigantes del Basket).

Javier Ortiz Pérez

Miguel Ángel Vílchez no nació en Huelva, pero eso es lo único que le falta para ser onubense por los cuatro costados. Vino al mundo en Sevilla, pero, con apenas dos años, su familia, por motivos laborales del padre, se trasladó a una ciudad de la que ya no se movería. Eso incluye su carrera íntegra como baloncestista profesional, en la que vivió desde primera fila el emocionante momento de subir a la ACB. El equipo solamente se mantuvo una temporada entre los mejores y ya no regresaría, desapareciendo hace algún tiempo ya.

Vílchez lo recuerda, claro, de una forma ambigua. Fue en la temporada 96-97 cuando Huelva consiguió un sitio entre los mejores con una plantilla muy comprometida que hizo vibrar el ‘Andrés Estrada’ como nunca. En la siguiente, en una aventura mucho más exigente, pagaron la novatada. “Fue muy intenso, para bien y para mal. Para un equipo recién ascendido que no tenía un gran presupuesto resultaba muy difícil conseguir la permanencia”, recuerda.

Personalmente, le queda la alegría de “haber jugado más de lo que esperaba”, ya que tenía la competencia de grandes bases como Laurent Sciarra, Mike Hansen y Pablo Martínez. Se quedó en los 9 minutos de promedio (2,2 puntos) y regresó con su Huelva a la que pareció su categoría natural, la LEB. Ya había defendido la misma camiseta en Segunda, Primera B, EBA… Todo un ejemplo de fidelidad hasta el 2000. Luego apuró dos años más en el Aljaraque de Primera nacional, pero su vida profesional ya iba por otro camino: actualmente es ingeniero y tiene una oficina de asesoría técnica para cuestiones agrarias y ganaderas. En Huelva, claro.

“Tuve alguna oportunidad, pero nunca quise irme”, confiesa, al tiempo que dice haber estado más a gusto en la segunda categoría (“había que fajarse más, hacer un poco de todo”) que en la primera (“se tendía demasiado a ser especialista”). Hablando de su estilo, destaca sobre todo “la rapidez”. “El mío fue un caso raro ya para la época, ya que entonces se empezaba a exigir tener un base alto, de más de 1,90, y yo estoy en el 1,78, así es que intentaba compensar el tema físico corriendo, penetrando y dando asistencias. También es cierto que en el tiro era discreto”, añade.

¿Y a la hora de hablar de referentes? Hace unos meses trajimos aquí a otro base clásico del baloncesto onubense, Antonio Márquez. Pues bien, la conexión es evidente. “Cuando empecé, había un respeto desorbitado a los mayores, que yo creo que es algo que se ha perdido últimamente. De Antonio he aprendido mucho, diría que prácticamente todo, al igual que de Cristóbal Rojas”, apunta Vílchez. En los últimos tiempos intenta volver al baloncesto y se ha apuntado a una liga de veteranos, pero, confiesa, lo primero que ha hecho ha sido faltar a su debut por motivos laborales.