‘Nino’ Morales: Aquel ‘MVP’ de Palencia

‘Nino’ Morales: Aquel ‘MVP’ de Palencia
Breogán 86-87.

Javier Ortiz Pérez

Lo primero que sorprende sobre ‘Nino’ Morales es que ‘Nino’ no es un apodo, aunque sí lo haya acabado suponiendo para él. Resulta que el hombre se llama Jorge Alberto Morales Nino. Pero no se sabe cómo, en su época jugando en Madrid, empezó a correrse la especie de que su segundo apellido era en realidad un diminutivo de su nombre, un mote. Culpa de las actas, probablemente. Y con eso se quedó. “Mucha gente me llama ‘Nino’. Otros, en el trabajo, simplemente Jorge”, afirma.

‘Nino’ desarrolló buena parte de su trayectoria baloncestística en la capital de España, a la que llegó con apenas 16 años, en 1976, tras destacar en su Sevilla natal. Era junior de primer año. El Real Madrid, gracias a su extensa red de ojeadores, se fijó en sus cualidades, y le tuvo bajo su amparo o bien en el propio club blanco o en su filial oficioso, el Tempus Inmobanco, donde permaneció cuatro temporadas.

Con ese equipo (en el que estaban otros que acabarían triunfando como ‘Indio’ Díaz o ‘Joe’ Llorente) vivió probablemente su momento de mayor gloria personal: increíblemente consiguió el acceso a la final de la Copa del Rey de 1983, disputada en Palencia, tras eliminar a doble partido a Valladolid, Caja de Ronda y Cotonificio. La perdió claramente ante el Barcelona (125-93), pero él fue designado mejor jugador del choque gracias a sus 28 puntos. Fue la última competición organizada por la Federación Española.

Después, este alero de 1,95 caracterizado por su capacidad anotadora (“aunque al principio siempre me hacían bailar con la más fea en defensa y hacía un poco de todo”) disputó las cuatro primeras temporadas de la ‘era ACB’, dos con Caja Madrid y una con Claret (actual Gran Canaria) y Breogán. En total, 96 partidos con un promedio de 9 puntos y 42% en triples. El 6,25 acabó siendo su gran especialidad: en una ocasión clavó ocho en un partido. Después, volvería a Alcalá de Henares en Primera B en el poderoso proyecto para volver a la máxima categoría que no tuvo éxito.

“El baloncesto fue y sigue siendo mi pasión. Nosotros fuimos muy afortunados en aquella época porque pocos podían vivir bien de esto, pero también siento algo de envidia con lo que hay ahora, los pabellones en los que juegan, las facilidades que hay en muchos aspectos”, reflexiona. “¿Si me hubiese gustado nacer 20 años más tarde? Claro que sí”, bromea.

Hace 16 años volvió a Sevilla y trabaja en la delegación de una empresa nacional de embalajes llamada Robinco. Pero no ha dejado el baloncesto de lado y ahora entrena al equipo junior de un histórico de la ciudad, el Club Náutico, después de haber pasado por varios clubs de la zona incluso en Liga EBA (Morón y Qalat de Alcalá de Guadaira).