Jordi Singla: ‘Cor manresà’

Jordi Singla: ‘Cor manresà’
Defender, su principal tarea.

Javier Ortiz Pérez

Casi 20 años de servicio a un club. Santo y seña en el Nou Congost, aunque, técnicamente, no se puede decir que la única camiseta que vistió a lo largo de su carrera Jordi Singla fuese la roja y blanca del Basquet Manresa, el actual Bruixa d’Or. A finales de la temporada 92-93, cuando la ACB había concluido, decidió echar una mano en el CB Navas, de Segunda División, entrenado por su amigo Pedro Romero. Fueron solo diez partidos en los que, confiesa, “fui para divertirme, ayudar y tirármelo todo (risas)”.

No era desde luego su perfil el de abusar del tiro en ataque. Todo lo contrario. Un pívot de recambio peleón y amante del trabajo oscuro, aunque con eso le dio para 366 partidos ACB (3,6 puntos y 2,6 rebotes en 11 minutos de promedio). “Con los años vas aceptando tu rol. El mío estaba claro: tenía poco tiempo en pista y había que cumplir, que el equipo no notase que se sentaba el americano. Trabajaba para el equipo, no para mis números. Con el tiempo fui teniendo un buen tiro exterior y salía más fuera para generar espacios”, analiza Singla.

Es imposible hablar con él sin que salga a colación la Copa del Rey del 96 en Murcia y, sobre todo, la Liga ganada en 1998. Aquello fue muy grande, sí, la mayor sorpresa de la historia de la competición, pero si eres de Manresa y juegas en el equipo ya debe ser algo insuperable. “La Copa es un título que puedes ganar si estás bien cuatro días. No se puede comparar con la Liga, que resultó algo increíble. Aquí, a cada sitio que voy, tomando un café, por la calle, todavía me lo recuerdan”, añade.

En su opinión, la clave de aquello fue “la química que había entre nosotros, la relación que había en el vestuario”. Y cuenta una anécdota que lo explica bien: “al menos un jueves al mes íbamos todos a cenar a Barcelona y siempre ocurría que el partido del siguiente fin de semana, por muy difícil que fuese, lo ganábamos. Los nacionales supimos implicar a los tres americanos. Bryan Sallier y Derrick Alston eran dos tipos muy majos y Herb Jones se dejaba llevar”.

Singla estaba allí. Antes y después, viviendo los dos títulos, un descenso y también un ascenso. Ahora está bastante desvinculado del basket, aunque sigue acudiendo al Nou Congost, donde está colgada su camiseta con el número 15. También va bastante a Andorra (su mujer es de allí) y sigue al equipo de su amigo Joan Peñarroya, al que define como “el nuevo Pedro Martínez”.

Tras retirarse en el 2004, permaneció un año más en el Basquet Manresa, pero se desvinculó al verse alejado de la parcela deportiva y tampoco atraerle ser entrenador. “Pasar a ser una ‘persona normal’ es difícil, porque vienes de una época muy intensa. Es imposible olvidarlo porque siempre hay algo que te lo recuerda”, reflexiona.

Fue entonces cuando inició su camino en la empresa privada. Ahora está metido en el sector de la construcción, pero no en grandes proyectos. “Nos hemos especializado en construir casas unifamiliares. Tú tienes un terrenito, nos llamas y te la construimos. No nos va mal”, resume. Con él colabora como arquitecto otro producto de la cantera local, Enric Serrat, al que ya tuvimos por aquí hace unos meses.