‘Mico’ Saldaña: Un ferrolano de Madrid

‘Mico’ Saldaña: Un ferrolano de Madrid
En el OAR, etapa pre-ACB.

Javier Ortiz Pérez

A Luis Manuel Álvarez no le llama nadie así. Primero, porque siendo apenas un niño un cura de su colegio le puso como apodo ‘Mico’: su físico le recordaba al de un monito, y con eso se quedó ya para toda la vida. Y segundo porque, a la hora de denominarle deportivamente, se produjo uno de esos raros casos en los que acaba identificándose más al jugador por su segundo apellido, que es Saldaña, que por el primero(Álvarez). Así es que hablaremos hoy de ‘Mico’ Saldaña, que desde luego tampoco es un cualquiera, sino uno de los imprescindibles del OAR Ferrol. Por su entrega y carisma fue un jugador adorado en Punta Arnela/A Malata, generando incluso un cántico con rima que se repetía sistemáticamente en los partidos: “Mico Saldaña / te quiere toda España”.

Tanto es así que muchos piensan que el hombre es gallego, y no madrileño, como realmente es. Pero es que se pasó 20 años de su vida en Ferrol, algo que no podía ni imaginar cuando llegó por primera vez en 1978. Tres de sus cinco hijos nacieron allí. La primera década la pasó como jugador, viviendo el ascenso desde Tercera División a ACB, mientras que la segunda estuvo muy implicado en la gestión del club local, que llegaría a presidir. No fue entrenador del primer equipo realmente porque no quiso, aunque sí dirigió a equipos de cantera.

Aludiendo al tópico, ‘Mico’ era un base ‘de los de antes’, utilizando mucho la cabeza para combatir un físico mejorable (1,82): “Me gustaba más pasar que tirar. Y no me importaba sacrificarme en defensa, desde luego, sobre todo en la parte final de mi carrera. Sabía que en el baloncesto de entonces el protagonismo ofensivo lo tenían que llevar los americanos, como el gran Nate Davis. A algunos les mosqueaba que hiciese tantos tiros, pero a mí me daba igual. Era impresionante. Me tocó enfrente cuando con el Valladolid nos remontó casi 30 puntos con la mano rota y luego también como compañero”.

Saldaña había empezado a jugar en los Maristas de Chamberí para pasar posteriormente al Vallehermoso. En categorías inferiores acumulaba títulos e internacionalidades. El momento decisivo de su carrera fue cuando fue reclamado por José Antonio Figueroa a Ferrol.

Sin embargo, asegura que nunca vio el baloncesto como algo íntegramente profesional. “De hecho, yo creo que no llegué a firmar un solo contrato, y eso que nos lo exigían. Pero en todo el tiempo que estuve jugando también estuve trabajando en otras cosas y para mí el baloncesto era un tema más bien sentimental”, cuenta. Algo raro para alguien que acumuló 115 partidos ACB (3,7 puntos en 25 minutos), a los que habría que sumar muchos más entre la Liga Nacional y Primera B.

Le dio tiempo para ir acabando la carrera de Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid. En Ferrol trabajó para un concesionario de coches y en la contabilidad de una empresa de construcción naval antes de montar con otros socios (entre ellos el presidente del OAR, Juan Fernández) un pequeño astillero, del que fue consejero delegado. Al tiempo, y tras su retirada en 1987, se integró en el club para llevar la parte económica, comercial y parte de la deportiva.

En 1998 volvió a Madrid, aceptando una oferta de la plataforma por satélite Vía Digital, que era propiedad de Telefónica. Y no ha dejado de trabajar en el mundo audiovisual desde entonces en distintas facetas.