Dave Popson: En la cárcel… como monitor

Dave Popson: En la cárcel… como monitor
En los Celtics.

Javier Ortiz Pérez

Llegaba Dave Popson con algo de mala fama a Granada como sustituto de Milenko Savovic iniciada la temporada 89-90. Ya se sabe: la típica desconfianza española sobre los pívots grandes (la ficha ACB dice 2,04, pero yo creo que es más bien un 2,08), americanos y blancos. Además, sus estadísticas en la NBA con Clippers y Heat habían sido francamente oscuras y el 88 puesto en el ‘draft’ de 1988 tampoco era un gran aval para la época, aunque sí el hecho de haberse formado en North Carolina. De hecho, fue criticado por el excéntrico presidente del entonces denominado Puleva, José Antonio Murado, tras los primeros encuentros. Pero después mejoró ostensiblemente y colaboró decisivamente a la permanencia del equipo con 16,1 puntos y 6,7 rebotes.

Después de aquello, haría un par de intentonas más en la NBA (Boston Celtics, donde tuvo más minutos que anteriormente, y Milwaukee Bucks) y regresaría a España en la 92-93, aunque no a la ACB, sino a Primera B, a un Mallorca que no terminaría la temporada porque no pagaba a los jugadores. Se ha hecho un poco de rogar, pero al final nos ha escrito y nos cuenta estas cosas y algunas más sobre su vida actual. Lo hace con mucha sencillez y cercanía. Os dejo con él.

“De mi etapa en Europa donde más disfruté fue en España, particularmente en el Puleva Granada. La gente allí era muy simpática y cordial. Fue un sitio precioso donde vivir y lo recuerdo a menudo. Los aficionados eran estupendos y la hospitalidad de las personas, fantástica. Jugar allí me preparó muy bien para volver a mi país y conseguir un sitio en la plantilla de los Celtics la temporada siguiente.

El baloncesto español es muy competitivo y fue una gran experiencia jugar a ese nivel en Granada. También estuve algo de tiempo en Palma de Mallorca, un sitio muy bonito, pero no me fue bien allí por varias razones. Es el peor sitio donde he jugado como organización a nivel profesional.

Ahora mismo trabajo en una prisión, no como interno. Mi trabajo consiste en especialista en actividades para el departamento correccional de Pennsylvania. Básicamente, soy monitor en el gimnasio para los 1.200 presos que hay en la cárcel. Es un trabajo muy interesante y lo disfruto. He estado haciendo este tipo de trabajos durante los últimos quince años. Estoy cerca del deporte. Nuestro objetivo es que los internos se mantengan ocupados y centrados en cosas positivas. Si es así, no están haciendo cosas que no deben hacer… Puede ser un trabajo peligroso, pero te sirve para mantenerte en forma y despierto.

Desde luego, mi vida personal es diferente. Mi segunda esposa, Holly, y yo llevamos doce años casados y tenemos dos niños, una chica, Isabella, y un chico, David Jr. Vivimos con en la casa de mis abuelas en el noroeste de Pennsylvani. La vida no me va mal y no me puedo quejar. A menudo pienso en mi tiempo en España, en los recuerdos profundos que me dejó aquello. Es un lugar bonito en el mundo y me gustaría volver a visitarlo algún día con mi familia”.