Koldo Mauraza: En las tres capitales vascas

Koldo Mauraza: En las tres capitales vascas
En el Cajabilbao.

Javier Ortiz Pérez

Con una verborrea y simpatía enormes, Koldo Mauraza dice que le hace mucha ilusión que se acuerden de él. Concentra el curioso dato de que jugó en las tres capitales vascas, Bilbao, San Sebastián y Vitoria, evolucionando desde posiciones interiores a las exteriores con su 1,96. Un jugador de equipo.

Para quien no lo sepa, a los ‘Luises’ les llaman ‘Koldo’ en Euskadi. “Es mi nombre de guerra, aunque en el DNI sigue apareciendo que me llamo Juan Luis”, resume Mauraza, entusiasmado con los recuerdos desde el ‘Botxo’, ese ‘centro del mundo’ en el que nació hace 47 años y donde todavía vive. “Tuve mucha suerte. Jugaba en el Colegio de los Escolapios y de repente acabé en el junior del Cajabilbao porque necesitaban a doce vizcaínos. Tenía altura y me reclutaron. A los tres meses estaba entrenando con la primera plantilla”, apunta.

Con el equipo de su ciudad debutó en Primera B en la 84-85, con apenas 18 años, y después se dedicó a coleccionar ascensos, primero con el Getxo de Segunda y después con el Askatuak a ACB en la 87-88. Los entrenadores valoraban especialmente su entrega y polivalencia. “Yo… era un grandísimo pívot. De ‘4’ aprovechaba mi velocidad, porque la verdad es que el tiro no era mi fuerte. Pero estaba claro que en la élite tenía que jugar de alero, no había otro remedio. Eso sí, aprovechaba alguna de mis antiguas cualidades para coger rebotes, postear y demás”, añade.

Su progresión le llevó a ser fichado por el emergente Taugrés 89-90. Fue al fin su debut en la ACB, aunque solo estaría una temporada en Gasteiz. Regresaría a Bilbao por la puerta grande la siguiente campaña, siendo parte fundamental de una plantilla que pasó de ilusionar a La Casilla a descender en la 90-91 perdiendo un ‘playoff’ ante Granada que iba ganando 2-0. “Aquello fue durísimo”, asume Mauraza, que estuvo tres años más en el Cajabilbao en Primera B. En el tercero de ellos logró otro ascenso a ACB que no se consumó por motivos económicos y, es más, el club acabó echando el cierre aquel mismo verano.

Nuestro hombre tenía 28 años y se vio sin equipo, lo que le acabó abocando a una retirada prematura. “Fue un poco traumático. Tampoco tenía muchas ganas de salir fuera de la zona”, reconoce. Pero había estudiado Empresariales e Informática y le esperaba un futuro laboral brillante, primero en una auditoría y en los últimos años como ‘controller’ de gastos en una empresa de vidrios alavesa, Vidrala.

Sus números en 114 partidos ACB se elevan a 6,2 puntos en 18 minutos. Y, sí, no tenía mucha confianza en su tiro: solamente lanzó un triple cada tres encuentros (34 en total), aunque el porcentaje es decente (38%).