Oliver Fuentes: Sueños rotos por un hombro

Oliver Fuentes: Sueños rotos por un hombro
En un All Star de Primera B (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

La de Oliver Fuentes fue una de esas carreras cuyo principio y final se producen con la misma fuerza, una positiva y otra negativa. Internacional en categorías inferiores, debutó con apenas 17 años en el Barcelona de Boza Maljkovic y un lustro después estaba acabado, inútil para el baloncesto y con serios problemas físicos para la ‘vida normal’. Una historia dura de la que ha sabido salir con mucho esfuerzo.

¿Qué se recuerda sobre Fuentes? Era un chico pelirrojo que podía jugar indistintamente de base y de escolta, potentísimo cuando encaraba la canasta, aunque paulatinamente se fue convirtiendo en un especialista defensivo. La lesión que truncó sus sueños no fue muy baloncestística: nada de rodilla o tobillo, no: fue en el hombro, una hiperlaxitud articular que se le tardó mucho en detectar.

“El recuerdo de aquellos años ya no es malo, pero pasé un tiempo realmente difícil, en el que no podía ver un partido de baloncesto. Yo era un ‘friki’ total de esto, estaba viviendo un sueño. Con 18 años el Barcelona me firmó un contrato de cinco años. Realmente creían en mí y yo tenía mucha confianza en mí mismo. Esta sensación de que estás entrenando con Jose Montero o Andrés Jiménez y ves que puedes competir contra ellos. Luego todo se fastidió”, apunta.

Hasta el 94 estuvo en el Barcelona y después tuvo etapas en León y Murcia en las que ya no pudo aportar demasiado, luchando con constantes molestias. “Los médicos me veían y creían que era una cuestión de estrés, de que la tensión había podido con este chico. El caso es que no me dolía, que era un problema mecánico. Tuve mala suerte en ese sentido. Hasta que el doctor Borrell no me vio y me operó por segunda vez no empecé a estar bien. La hiperlaxitud articular la tiene mucha gente. El problema se agravó cuando quisieron cambiarme el tiro. El que tenía no era muy estético, pero las metía”, añade.

103 partidos ACB, apenas 5 puntos y 12 minutos de media. Poco bagaje para un jugador muy recordado en su época y que se tuvo que conformar con que se le atribuyese el papel de especialista defensivo en su etapa final a la vista de sus dificultades para lanzar. “Si a alguien le comentan esto cuando yo era junior, se hubiesen reído, porque era un jugador muy ofensivo con fama de que pasaba de defender”, asegura.

Tenía 21 años cuando jugó su último encuentro, precisamente contra el Barcelona, y por delante había todo un futuro que escribir, pero sin el balón en las manos. Durante un tiempo regentó un negocio familiar en su pueblo, Sant Joan de Vilatorrada. Era una sala de billar, una actividad a la que se aficionó mucho, “seguramente para quitarme el ansia por competir que tenía”.

Tiene una pensión de invalidez por enfermedad profesional. Ahora está centrado en el cuidado de su hijo y hace un poco de fútbol sala y montañismo. “Ya no tengo resentimiento”, dice, con cierta paz adquirida con el tiempo, intentando olvidar lo que pudo ser y no fue.