Mike Iuzzolino: De Lobos a Lobos

Mike Iuzzolino: De Lobos a Lobos
Cantabria 2001-02.

Javier Ortiz Pérez

Mike Iuzzolino se hizo querer en España. Era un base más caracterizado por su cerebro y muñeca que por su físico. Rindió a satisfacción tanto en Cantabria Lobos (2001-02) como en Valladolid (2002-03). En ambos lugares llegó iniciada la campaña, mostrando un enorme acierto desde la línea de tres puntos (48%). En total disputó 31 partidos (17 y 14) con un promedio de 15 puntos y 2,8 asistencias. Nacido en Pensilvania, hizo valer sus ancestros italianos para convertirse en un comunitario muy rentable.

Iuzzolino era ya un jugador experimentado por entonces: había estado un par de temporadas en la NBA (Dallas Mavericks, que le eligieron en el puesto 35 de 1991) y se había asentado en Europa como un director de juego muy fiable, sobre todo en ‘grandes’ del país transalpino como Verona, Roma y Milán. Tenía 33 años cuando llegó a Torrelavega con la misión de salvar al equipo, pero no la culminó pese a sus buenos números. Sí tuvo éxito en esa misión la temporada siguiente en Pucela.

Casualidades de la vida, ahora ejerce como director de operaciones de baloncesto en otra escuadra apellidada ‘Lobos’, la Universidad de Nuevo México, desde donde ha accedido a compartir sus vivencias con mucha exactitud.

“Hay tres cosas que recuerdo sobre todo de España. La primera, la cercana atmósfera que había en todos los partidos con gran deportividad. Disfruté viajando a las diferentes ciudades y jugando en pabellones muy buenos. Los aficionados animaban mucho a sus equipos. La segunda es el alto nivel de la competición de los jugadores de la liga. Había probablemente 15 o 20 jugadores que habían jugado en la NBA y había unos cuantos más que podían hacerlo perfectamente si se decidían a intentarlo. Los partidos eran muy intensos. Y, además, el nivel de los entrenadores era impresionante en toda la liga. Tuve la suerte de jugar para dos grandes cerebros (apunto yo: Moncho Monsalve en Cantabria y Luis Casimiro en Valladolid). La tercera cosa que recuerdo es que disfruté de las muy diferentes culturas que te ofrecía cada ciudad. Me metí mucho en cada una de ellas y me interesé mucho por hablar con las personas para averiguar cosas sobre las diferentes comidas, vinos y tradiciones de cada región”, apunta. Ahora es cuando le sale el humor: “Incluso aprendí mucho sobre las corridas de toros, que no tenía ni idea de qué eran. Lo único que me faltó por hacer fue correr delante de ellos, jajaja”.

Parece que Valladolid fue su última parada profesional antes de regresar a Estados Unidos, donde, antes de su trabajo actual, fue entrenador durante nueve años, sobre todo de baloncesto femenino en Duquesne y George Mason. Dice que su “sueño” es volver a Europa como técnico. “Espero que se haga realidad. Estuve ocho años de mi vida entre Italia y España y no habría nada mejor para mí que regresar allí”, destaca.