Pedro Ramos: Aquella canasta al Madrid

Pedro Ramos: Aquella canasta al Madrid
Con el Gran Canaria 91-92.

Javier Ortiz Pérez

Cuesta a primera vista distinguir al Pedro Ramos sobre el que escribimos hoy de otro Pedro Ramos que ya salió aquí. Ambos son pívots entre los 80 y los 90 que jugaron parte de sus respectivas carreras en equipos de Canarias. Sin embargo, rascando un poco más hay algunas diferencias a la vista, empezando porque nuestro protagonista de hoy es catalán y no canario.

Pedro Ramos de la Fuente disputó la 91-92 con el Gran Canaria en lo que fue salirse de su tradicional hábitat, la Primera B, donde sus 2,07 eran más útiles. Formado en la cantera del Barcelona, pasó por Badajoz, Atlético de Madrid, Huelva, Plasencia, Guadalajara, Alicante… Siempre serio ofreciendo un físico poderoso y unas virtudes ofensivas limitadas, pero tampoco se metía en líos innecesarios cuando el balón le llegaba a las manos.

“Fue una etapa muy bonita de mi vida, en la cual hice bastantes amigos y lo pasé muy bien”, comienza diciendo. Enseguida se le va la mente a un encuentro concreto: “Sobre todo para un ‘culé’ como yo, el mejor recuerdo (deportivo, ya que en otras facetas fue más duro) que tengo fue en Las Palmas, jugando en el Gran Canaria, en el partido que ganamos al Real Madrid después de una prórroga en la cual metí yo la última canasta”, dice.

La ficha de ese encuentro se puede consultar aquí: 98-97 ante un Madrid pre-Sabonis. Aquel día Ramos jugó 32 minutos y alcanzó los 7 puntos y 10 rebotes, el último de ellos ofensivo tras fallo de Juanra Marrero, transformándolo sobre la bocina en la canasta de la victoria. Normalmente, su aportación fue más baja (4 puntos y 3 rebotes en 15 minutos). Sin duda, un día para no olvidar con facilidad: nunca el Gran Canaria le había ganado hasta entonces al conjunto blanco. Eso sí, la temporada terminó de forma amarga con el descenso de categoría del equipo de Las Palmas.

Al acabar su carrera, nuestro hombre se fue a vivir a Madrid durante ocho años, “pero acostumbrado a vivir en sitios pequeños, no nos aclimatamos mi familia y yo –tiene una hija de 20 años y un hijo de 14-- y en el 2005 nos vinimos a León, donde estamos muy contentos”. Trabaja desde 1998 en seguridad privada y “el gusanillo del baloncesto lo mato viendo jugar a mis hijos”. Carolina juega en el BFLeón de Primera nacional femenina.

No sé cómo será en su trabajo, pero en la pista, desde luego, Ramos era un tipo duro. “Tenía que serlo porque siempre me tocó bailar con la más fea y mis rivales eran mucho mejores que yo ofensivamente”, reconoce. Parece un hombre feliz: normalmente ejerce su función en los juzgados (“afortunadamente los delincuentes ya me vienen detenidos”) y no le falta el humor a la hora de ironizar cuando habla de que, como a nos pasa a tantos otros, la alopecia tampoco le ha respetado: “somos de los de Hortaleza”.