Antonio Márquez: El onubense que se coló en Gibraltar

Antonio Márquez: El onubense que se coló en Gibraltar
Imagen reciente, en Nueva York.

Javier Ortiz Pérez

Antonio Márquez es de Huelva, donde pasó la mayor parte de su carrera como jugador. Ya se había retirado en la única campaña de la capital onubense en la ACB, la 97-98, pero él sí pudo jugar en la máxima categoría en sus dos primeras ediciones bajo el formato moderno, la 83-84 y 84-85, con el Caja de Ronda.

Márquez cuenta una anécdota divertidísima de cómo fichó por el equipo de Málaga. “Tuve un buen papel en el sector junior con el Huelva, así es que el Caja de Ronda se fijó en mí y me invitó a hacer una prueba. Era verano de 1983 y creyeron que la mejor forma de verme era en unos ‘bolos’ que habían organizado por la zona sur. Uno de ellos era en Gibraltar. Pero resultó que yo no tenía pasaporte y junto a otros dos jugadores que tampoco, Rafa Pozo y Salva Gallart, nos metieron allí clandestinamente, en un barco, totalmente ilegales. Y lo mismo a la salida”. Supongo que, aunque estén ahora tensas las cosas con la colonia británica, esta peculiar ‘confesión’ no traiga consecuencias. Estas cosas preescriben, ¿no?

La prueba salió bien, con Moncho Monsalve apostando claramente por nuestro hombre, un base que se autodefine “como Lola Flores: no hacía nada extraordinario, pero acompañaba a todo”. Algo más en serio, afirma que destacaba “por mi instinto de supervivencia y por la inteligencia en el pase… En el tiro… No era bueno, no”.

En esas dos temporadas ACB en Málaga no dispuso de muchos minutos (11 de media) en 34 partidos en total (2,1 puntos). El equipo bajó en el 85 y Márquez se quedó otros dos años en la capital de la Costa del Sol en Primera B, consiguiendo el ascenso en el segundo de ellos. Pero él no renovó. “Tuve problemas de lesiones y me fui antes de que me dijesen que no iba a continuar. Además, me di cuenta de que ya no iba a hacerme millonario con el baloncesto, así es que volví a casa y le puse más atención a intentar terminar la carrera de empresariales”, relata.

De Huelva ya no se movería, siendo un fijo en las plantillas de un equipo intermedio de Primera B: “Fueron unos años bonitos. Jugar en casa es un arma de doble filo, porque por un lado te quieren más, pero por otro también te exigen más, sobre todo si ya has estado jugando fuera, como era mi caso”.

Se retiró bastante pronto, en 1994, con apenas 30 años. “Ya tenía demasiados problemas físicos”, apunta. Terminó la carrera y empezó a meterse en el mundo de la empresa y la gestión. Actualmente es uno de los socios de un despacho-asesoría en la capital onubense, pero no ha dejado de lado el baloncesto, formando parte de la directiva de un club llamado ‘Por Huelva’ que, ahora en la EBA, intenta reimpulsar el basket masculino local.