Toño Martín: Bigote de carácter

Toño Martín: Bigote de carácter
Con el OAR Ferrol (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

Toño Martín fue uno de esos ilustres bigotazos del basket español en los 80. Era un ‘4’ luchador y con buena mano desde media distancia que prestó sus servicios fundamentalmente en Valladolid y Ferrol, aunque también anduvo en Sevilla y Girona.

“Tengo un recuerdo excepcional de la época en la que jugaba. No se ganaba mucho dinero, pero si sabías adminístrarte bien podías tirar para adelante”, empieza contando. “Yo era un pívot tirador, que reboteaba decentemente, a pesar de que muchas veces me tocaba emparejarme con el americano de turno. También se me daba bien taponar. Creo que hubo un año que quedé segundo de la liga en esa estadística”, añade. Quizás en otra época se hubiese adaptado mejor al puesto de alero alto, ya que no era muy fuerte para hacer valer sus 2,05. “Moncho Monsalve lo intentó durante tres partidos, pero no nos salió”, responde.

Martín es de un pequeño pueblo cántabro llamado Rábago y aprendió a jugar al baloncesto en el Colegio Lasalle de Santander. Le captó el Club Baloncesto Valladolid para su cantera durante un campeonato universitario, en 1979. A orillas del Pisuerga estaría hasta 1984, cuando fichó por el OAR Ferrol. Ambas ciudades marcaron su vida: en Pucela (“un sitio que me encanta y al que suelo ir bastante a menudo”) conoció a su mujer; en Galicia tuvo probablemente sus momentos de mejor baloncesto en un club que era casi como una familia, según coinciden todos los que lo vivieron desde dentro. En ambos lugares coincidió con el mítico Nate Davis, con el que ha tenido la oportunidad de reencontrarse recientemente gracias al programa ‘Informe Robinson’. “No solo era un gran jugador. Es que tenía, y tiene, una humanidad tremenda”.

Sin embargo, en su última campaña en A Malata, la 86-87, no dispuso de muchos minutos por culpa de una lesión, y tuvo que salirse del circuito ACB para ir al Caja San Fernando sevillano, entonces en Primera B. “Era un buen proyecto para intentar lograr el ascenso, pero no lo conseguimos”, apunta. En Girona tuvo una última ocasión en la máxima categoría durante la recta final de la 88-89, pero los problemas físicos siguieron acosándole y decidió retirarse. Solamente en partidos ACB totaliza 115 (7,7 puntos y 4,9 rebotes en 27 minutos), pero no contabiliza los muchos más que disputó entre 1979 y 1983 en la Liga Nacional con el Grupo Miñón Valladolid.

Terminó la carrera de Empresariales y ahora trabaja en una compañía de seguros llamada MGS, alejado del baloncesto de primer nivel. Vive en Las Rozas y, desde luego, sigue conservando su mítico bigote. “Es que si me lo quito es como si me faltase algo”, bromea. Será una bobada, pero hubo gran cantidad de jugadores de su época que también lo llevaban: Manolo Flores, Luis Miguel Santillana, Wayne Brabender, Walter Szczerbiak, Luis María Prada, Gonzalo Sagi-Vela, Héctor Perotas, Arturo Seara, Pere Práxedes, Iñaki Garayalde, Agustín Cuesta… y hasta extranjeros como Mike Phillips o Mike Schlegel.