Raúl López: Venciendo a la cadera

Raúl López: Venciendo a la cadera
En acción (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

No, no hablamos de Raúl López el base del Bilbao Basket, sino de este Raúl López, un jugador gallego que militó un par de temporadas en la máxima categoría con el OAR Ferrol y luego estuvo unos años más en categorías federativas.

Nuestro López nació en A Coruña, donde empezó a jugar al baloncesto con once años. “Me llevaron a una ‘operación altura’ que hizo el Bosco y, teniendo dos años menos de lo que exigían, ya cumplía los requisitos”, cuenta. Ahora mide 1,95. Su progresión fue muy rápida y con 13 años, en un campeonato autonómico gallego, el OAR, que por entonces estaba con los ojos muy abiertos para detectar talentos en su comunidad, le vio y le fichó.

“Cumplí los 14 estando ya en Ferrol”, recuerda Raúl, que culminó su formación alrededor de A Malata y se estrenó con el primer equipo en la campaña 89-90 (17 partidos). En las dos siguientes jugará 10 y 20, pero casi nunca en un papel importante. “El de escolta era un puesto que tenían muy bien cubierto y no se me terminaron de abrir las puertas. En la vida pasa mucho esto de que depende un poco de la suerte que tengas”, indica.

Le tocó marcharse, primero a Gandía y luego a Salamanca y Doncel La Serena antes de regresar a Galicia y a su A Coruña natal. “Yo creo que tenía buena mano y corría. Era en general buen anotador. El problema que tenía es que no era buen driblador. Me costaba mucho”, analiza.

“Jugar profesionalmente al baloncesto es un lujo –añade--; con el tiempo te acabas acordando de las cosas buenas, de las amistades, de cómo aprendiste a trabajar en equipo. El deporte te forma en muchos sentidos. Te enseña a ser comprensivo, a entender al compañero”.

Quizás lo más llamativo de Raúl López es que jugó al baloncesto a alto nivel pese a tener un grave problema físico de nacimiento: el síndrome de Perthes, una luxación de cadera en el momento del parto que antes costaba mucho detectar. “Cuando hice el reconocimiento médico en Gandía les extrañó mucho. Me dijeron que era incompatible con jugar al baloncesto, pero mis limitaciones físicas no pudieron con mis ganas”, destaca López.

Mientras todavía jugaba empezó a labrarse lo que es su presente: estudió Fisioterapia, un ramo en el que están varios ex jugadores. Estima que haber pasado por el otro lado de la camilla le está ayudando en su profesión. “Si ya has sentido ese dolor, sabes ponerte en el lugar de la persona a la que estás tratando”, opina. Desde hace nueve años es copropietario de una clínica en A Coruña y, para los tiempos que corren, afirma estar satisfecho. “Tengo mucho trabajo”. Sí, eso es buena señal…