Eduardo Pascual: Pívot limitado, director deportivo emergente

Eduardo Pascual: Pívot limitado, director deportivo emergente
En el Loyola Indautxu.

Javier Ortiz Pérez

Eduardo Pascual ha sido más conocido en su trayectoria como director deportivo que como jugador. De hecho, su papel en los despachos tanto en Burgos como en Valladolid ha sido calificada en más de una ocasión como brillante, mientras que en la pista fue simplemente un jugador correcto, con limitaciones, pero llegó a debutar brevemente en la ACB.

Nacido en Bilbao, mientras jugaba una fase de ascenso a Primera B en Cáceres en 1991 con su club de su colegio, el Loyola Indautxu, Luis Casimiro, que entonces dirigía al Don Benito (Segunda División), se le acercó y le dijo que si quería ser profesional. “No tenía nada que perder y le dije que sí”, recuerda Pascual, que en los siguientes años fue escalando poco a poco escalones (Don Benito, Doncel, Albacete) hasta regresar a su ciudad natal, donde estuvo a punto de lograr el ascenso a ACB con el Patronato Bilbao.

Aún le quedaban algunos kilómetros que hacer: Askatuak, Santander… y hasta que se le cruzó en su camino el Caja Cantabria de Torrelavega, que le dio la ocasión de estrenarse en la máxima categoría en un partido en Fontajau ante el Casademont Girona. Fue el 31 de octubre de 1999, gracias a un hueco que hubo en la plantilla por lesión de Sasa Radunovic. “Fue Quino Salvo el que estaba como entrenador. Ya había ido convocado alguna vez, pero cuando me dijo que saliera me tembló todo. Y eso que ya era algo veterano. Pero fue muy emocionante y eso siempre quedará ahí, claro”, recuerda ahora. En esos tres minutos en pista no llegó a lanzar a canasta.

Pascual es de los pocos jugadores españoles que ha jugado en Canadá, adonde se marchó con una beca para mejorar su inglés, mientras terminaba la carrera de Periodismo. “Fue una gran experiencia”, apunta. El Valencia Basket le dio su primer trabajo después de la retirada: durante dos años fue su director de cantera, para pasar posteriormente al Autocid Ford Burgos, donde durante cuatro temporadas se hizo un nombre como director deportivo. “Resultó todo un desafío, porque fue como construir desde la nada en un equipo que estaba en EBA al que iban 200 personas. Ahora llenan siempre”, apunta.

Luego se incorporó al Valladolid, donde con grandes estrecheces presupuestarias configuró plantillas muy competitivas. ¿Qué es la clave para ser un buen director deportivo? Señala tres claves: “trabajar mucho con bases de datos de jugadores y hacerles un seguimiento, ver muchos partidos preferentemente en directo y fiarte de tu intuición”.

Ahora busca un nuevo proyecto. Está afincado en Madrid, donde vive con su esposa, Susana Hernáiz, actriz sobre todo centrada en el mundo del teatro.