Miguel Loureiro: Emblema ferrolano

Miguel Loureiro: Emblema ferrolano
Barbudo, en la temporada 85-86 (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

De Miguel Loureiro es imposible encontrar una foto en una cancha de juego con una camiseta que no sea la blanca y verde del OAR Ferrol. Toda su carrera profesional, desde 1977 a 1993, la pasó en el equipo de la ciudad en la que nació y en la que todavía vive, así es que es fácil decir que fue todo un símbolo y el ídolo de la hinchada.

Era un escolta-alero que valía un poco para todo. “Cuando me pedían que anotase, anotaba. Y cuando me sacaban solo para defender, lo hacía. A medida que pasan los años se tiende a una especialización”, narra con desenfado, sin darse un ápice de importancia. Pero sí que la tiene, sí. Estuvo en todos los grandes días del club durante 17 temporadas, partiendo de lo que entonces se denominaba Tercera División. Y también estuvo presente en los instantes tristes, como él se encarga de recordar. “Hay momentos muy felices, y momentos duros y desagradables, en una trayectoria tan amplia. Con la distancia ves que se hizo un gran trabajo en una ciudad pequeña como Ferrol y valoras el trabajo de la directiva buscando dinero. También hubo cosas tristes, como cuando bajamos de categoría en la 87-88. Aquello fue un palo, aunque pudimos volver un año después”, apunta un hombre al que llamaban ‘el León de Canido’ porque vivía en un barrio que se llamaba así.

Nombres como el suyo han salido a relucir con el reciente homenaje a Nate Davis. “En momentos así te das cuenta de que se sembró una semilla que sigue ahí. Nosotros intentábamos ser una familia. Había pocos cambios en la plantilla de una temporada a otra y los nuevos que venían siempre eran acogidos con cariño”.

Nunca se fue del OAR, al que llegó procedente de otro club local, el Tirso de Molina, aunque alguna ocasión se supone que tendría para hacerlo. “Como jugador de casa sudas la camiseta y te conformas con lo que te da tu club. En ese sentido podía parecer conformista, pero no lo era como jugador, porque le puse mucho interés en seguir una evolución deportiva. Me lo pasaba muy bien jugando, básicamente”.

Dice haber disfrutado mucho, pero también lamenta haber sacrificado aspectos en su vida laboral (durante algún tiempo estuvo trabajando y siendo baloncestista profesional al mismo tiempo) y familiar. En su historial quedan los 257 partidos ACB, todos de blanco y verde, con 6,7 puntos en 17 minutos de promedio.

Después de retirarse (prolongó su permanencia en las pistas hasta pasados los 37 años) fue entrenador en distintas categorías (incluyendo cuatro partidos en el propio OAR en la 93-94 en los que no conoció la victoria). También ejerció como director deportivo en un nuevo proyecto en su ciudad, el Ferrol Club Baloncesto. Ahora es técnico administrativo en una empresa dentro del sector naval y su pasión, siguiendo de cerca lo que sucede en el baloncesto, asegura que es la literatura gallega.