Ángel Almeida: El rascacielos canario que se marchó

Ángel Almeida: El rascacielos canario que se marchó
Con la selección sub-22 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Siguiendo la costumbre de recordar/homenajear a jugadores que ya no están entre nosotros, hoy traemos aquí a Ángel Almeida. Falleció el 29 de julio de 1997 en Lisboa, de un misterioso fallo cardíaco, mientras realizaba la pretemporada con el Portugal Telecom. Estaba a punto de cumplir los 25 años.

Almeida tenía la peculiaridad de ser alto, muy alto. En su momento fue el ‘techo’ del baloncesto español con sus 2,15, aunque posteriormente le superaría Roberto Dueñas y le igualarían los hermanos Gasol. Anteriormente, solo Miguel Tarín (2,17) le superaba en este dato.

Era un chico canario de muy buen humor, muy especial. Hay cierta leyenda de que el Barcelona le ‘descubrió’ gracias a su padre, taxista en Las Palmas. En el club blaugrana completó formación entre finales de los 80 y principios de los 90, llegando a debutar en la ACB a las órdenes de Bozidar Maljkovic y acudiendo de forma fija a las selecciones inferiores. Un ‘highlight’ fue también lograr plaza de ascenso con el Cornellá en 1993.

Le faltaba corpulencia para rentabilizar realmente su estatura y por mucho que estuvo bajo planes especiales, no llegó a conseguirla. Resultaba llamativo el hecho de que su mejor arma fuese un tirito bastante efectivo a media distancia. Tras salir del Barcelona, en Cáceres anduvo un par de temporadas de la mano de Manolo Flores y conoció a la que era su novia, Marta. Después, en Sevilla ejerció también de cuarto pívot, llegando a jugar una final liguera con el Caja San Fernando. Sin embargo, su presencia en cancha no fue nada constante, promediando únicamente 8 minutos (1,9 puntos y 1,4 rebotes) en sus 91 partidos en la máxima categoría.

En 1996 se marchó a la liga lusa, un recurso muy en boga por entonces para los nacionales que buscaban protagonismo. Y aseguraba que era muy feliz en una ciudad tan hermosa Lisboa, con bastante presencia en cancha en un equipo puntero, acompañado además de otros dos españoles, José María Silva y Julio Torres. “He logrado saber que soy un jugador de baloncesto y no un tío alto que solo sirve para hacer la rueda de calentamiento”, declaró.

Sin embargo, y tras recibir algún pequeño ‘susto’ que seguramente hubiese merecido mayor seguimiento médica, todo se truncó aquel 29 de julio. Pidió tumbarse después de una serie de 35 minutos de carrera contínua y varios esprints. Y ya no se levantó.

Estas fueron algunas reacciones tras su muerte: “Fue un compañero excepcional. Su recuerdo será imborrable” (Andrés Jiménez); “Ha sido más que un amigo, ha sido un hermano para mí” (Víctor Alemany); “Tenía un gran sentido del humor. Siempre era el que nos animaba a todos” (Manolo Flores); “Se había reencontrado como jugador y como persona en Portugal. Sobre todo era una excelente persona” (Juan Carlos Barros); “Era un jugador inteligente, algo lento pero con muy buenos fundamentos. Lo que más destacaría es su prudencia, sabiendo asumir perfectamente su rol en todo momento” (Aíto García Reneses)…

Si queréis leer más sobre él, tenéis disponibles las cinco páginas que publicó ‘Gigantes del Basket’ cuando falleció dando detalles sobre las circunstancias del infarto y también el artículo que le dedicó ACB.com en el décimo aniversario de su adiós.