Luis Miguel Santillana: Un ‘4’ adelantado a su tiempo

Luis Miguel Santillana: Un ‘4’ adelantado a su tiempo
Joventut, 1967-81 (Foto: La Vanguardia)

Javier Ortiz Pérez

Luis Miguel Santillana es de esos jugadores que jugó muy poco en la ACB, solamente la temporada 83-84, pero porque ese cambio al nuevo formato le pilló ya veterano. Su auténtica grandeza, y no fue poca, llegó en los quince años anteriores, cuando se convirtió en uno de los mejores pívots nacionales. Quizás únicamente Clifford Luyk fue más importante en las zonas durante su época.

En su figura hay un dato llamativo: estaba en el Joventut 77-78 y en el Barcelona 82-83, dos de los tres únicos equipos que consiguieron que el Real Madrid no ganase la Liga en el larguísimo lapso que va desde 1967 a 1987. Casi nada. Y en ambos casos Santillana fue muy importante para frenar la hegemonía blanca: con la Penya era la referencia en el juego interior, mientras que en el Barça, ya en la parte final de su trayectoria en las pistas, consiguió un histórico palmeo en el último segundo ante el Madrid que llevó a la competición a decidirse en un desempate que se llevaron los azulgranas.

Fue, además, 159 veces internacional, con la plata en el Europeo de Barcelona-73 como mayor éxito, lo que expresa su tremenda importancia en el baloncesto nacional de aquel tiempo. Tácticamente, era un ‘4’ adelantado a su tiempo, de los que les gustaba salir fuera a tirar. Se apoyaba admirablemente en el tablero. Y tenía un carácter enormemente competitivo.

“Siempre dije que si hubiera jugado en un equipo más grande, yo hubiera sido más grande”, comenta. Tuvo la ocasión de ir al ultra dominador Real Madrid siendo joven, cuando empezó a despuntar en el Layetano (se le ofrecía ir un año a North Carolina a terminar de formarse), pero se decidió por la oferta del Joventut. “Estimamos que era mejor para mi progresión quedarme en la zona de Barcelona. La presencia de entrenadores como Juanito Canals y Eduardo Kucharski nos ayudó a decidirnos”, recuerda.

Como verdinegro, además de la liga del 78, ganó tres Copas y una Korac, la del 1981. “Durante la mayor parte del tiempo en el Joventut fue algo extraordinario. Estuve muy a gusto”, afirma. Forjó un estilo muy propio, que hace sospechar que hoy en día jugaría de alero alto: “No era un pívot machacón, pero sí habilidoso. Tenía buena mano y dominaba el gancho. No es verdad que no me gustase pegarme, pero sí es posible que mi debilidad podía ser la defensa. De todos modos, solían ponerme al lado a un pívot más de choque”.

Según añade, “no sé si sabría jugar al baloncesto que se hace ahora, aunque todo sería acostumbrarse. Me llama la atención los constantes cambios. Cuando yo jugaba, el entrenador te sacaba en el quinteto titular y jugabas hasta que te eliminaban por faltas o te morías. Pero en el fondo, sigue siendo un deporte maravilloso, idea. Todo continúa siendo una cuestión de precisión y habilidad”.

Un poco ‘a lo Michael Jordan’, tuvo más de una retirada de las canchas de juego. La primera fue en 1981, pero volvió en 1982 aceptando la oferta del Barcelona, que estaba deseoso de contar con un pívot nacional de auténtica calidad para rebatir la hegemonía madridista. Y otra posterior, en 1984, que rompió unos meses después para ayudar a intentar el ascenso con el Cartagena en un puñado de partidos (“lo hice por amistad”).

Un delicioso artículo en ACB.com narra con precisión aquel partido Barça-Madrid del palmeo en 1983 que le dio la vuelta a la liga: “Fue una gran remontada. Creo que llegamos a perder por 17 puntos y entonces Antoni Serra decidió sacarnos a Manolo Flores y a mí, que éramos los dos veteranos. Esa jugada final es fruto de 20 años de carrera. No fue sencillo, pero intuí que el balón podía ir allí tras el tiro de ‘Marcelo’ (Marcellous Starks)”.

Su vida profesional posterior empezó centrada en la industria textil, además de ejercer como comentarista en TVE. Impulsó varias prendas deportivas que tuvieron mucho éxito. En los últimos años ha ejercido como agente inmobiliario y financiero.