Ángel Santana: Hacerse rumano

Ángel Santana: Hacerse rumano
Alicante, temporada 2002-03.

Javier Ortiz Pérez

Llamativa la carrera de Ángel Santana, un alero canario de 2,00 metros que se pasó buena parte de su trayectoria en varios países de Europa, alguno de ellos con un baloncesto muy poco conocido como Rumanía. Y allí se quedó.

A Santana nunca le importó lo más mínimo hacer y deshacer maletas. Los jugadores profesionales están acostumbrados a ello, es cierto, pero su promedio de kilómetros fue superior al de la mayoría. Para empezar, y formando parte de la cantera del Gran Canaria, se decidió marcharse a Estados Unidos, permaneciendo allí cinco años (uno en ‘high school’ y cuatro en la Universidad de Saint Francis NY).

Concluyó la temporada 1999-2000 en Estrasburgo (Francia), en lo que fue su primera experiencia profesional. Después llegaron Atomic Brussels (Bélgica) y Tubingen Sportverein (Alemania). A finales de la 2001-02 le llegó la oportunidad española, contribuyendo al ascenso del Lucentum Alicante.

Parecía que podía tener un hueco en ACB y fue incluido en la plantilla de la siguiente campaña, pero solamente disputó tres partidos (los únicos en la máxima categoría) y fue cortado. “Se me trato mucho mejor fuera de España, lo que pasa normalmente con los jugadores nacionales que juegan fuera del país...”, lamenta ahora, con la perspectiva del tiempo. No se explica por qué salió del equipo: “Durante la pretemporada jugué bastante bien, teniendo muy buenos partidos... Creo recordar que al Madrid le metí 18 puntos en 19 minutos o algo así...”, comenta.

Acabó en Tarragona (LEB) y decidió volver a emigrar: Roanne (Francia) y entonces… Rumanía, donde estuvo en varios clubs distintos con un único paréntesis para jugar en EBA en su Las Palmas natal con el Vecindario. Ha sido uno de los máximos anotadores del campeonato rumano durante años, superando los 20 puntos por partido. Con la nacionalidad concedida por matrimonio, incluso ha defendido al país en torneos 3x3.

Pese a lo ocurrido en Alicante, la impresión general cuando mira atrás es positiva. “¿Qué recuerdo me va a quedar? Una satisfacción tremenda de haber sido uno de los afortunados que pueden decir que han trabajado en lo que les gusta... El baloncesto ha sido y es un lugar donde siempre he encontrado paz y tranquilidad... Cuando entro en la cancha todo lo cotidiano se olvida... Me ha ayudado mucho en mis momentos difíciles, y todavía lo hace”, reflexiona.

Según se autodefine, era “un jugador trabajador, sin ningún gran talento, pero que hacia un poco de todo... sobre todo si se le pedía algo concreto...”.

Sigue viviendo en Rumanía por estas cosas imprevisibles que tiene la vida. Y se ha buscado un trabajo en el que se requiere, como en el baloncesto, manejar la tensión. “Estoy divorciado, pero tengo un crío de ocho años al que adoro, y por él me he quedado por estas tierras... Me he preparado y he pasado oposiciones de controlador de tráfico aéreo aquí... y de momento pienso quedarme unos años más por el peque...”, cuenta Santana.

Una última nota trágica: su hermana Carmen, su cuñado Alejandro y tres sobrinos suyos (Alejandro, Dara y Keila) murieron en el accidente del 2008 en el vuelo de Spanair Madrid-Las Palmas. “Son cosas que te cambian el punto de mira con el que afrontas la vida”, concluye.