Perico Ansa: Eterno ‘tercer alero’ del Barça

Perico Ansa: Eterno ‘tercer alero’ del Barça
En el Barcelona (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

Alrededor de Pedro César Ansa hay una cierta e injusta crueldad: no parecía un jugador de gran nivel para el Barcelona única y exclusivamente porque los dos jugadores a los que solía dar descanso en su mismo puesto, Epi y Chicho Sibilio, eran estratosféricos.

Su caso recuerda un poco al de Arturo Seara, que sufría en la comparación con Nacho Solozábal. Pero algo debía tener ‘Perico’ para permanecer diez temporadas en el primer equipo azulgrana, desde 1975 a 1985, casi siempre como primer reserva de los dos geniales aleros.

“Epi y Chicho eran dos monstruos. Para mí eso tenía algo de buena suerte, porque era un placer jugar y entrenar con ellos, y también de mala suerte, porque era muy difícil quitarles minutos”, reconoce abiertamente. “Además, era una época en la que además no se solía rotar tanto como ahora. Los entrenadores eran así. Iban a muerte con el quinteto inicial. Creo que podíamos haber jugado un poco más los suplentes. No digo que yo me hubiese igualado a Chicho y Epi, pero sí haber estado un poco más en la pista y hubiese salido bien para el equipo”, agrega.

El rubio Ansa no era ningún cualquiera, alguien que pasase por allí y le diesen la camiseta con el ‘9’. Internacional en categorías inferiores e incluso en la absoluta (20 veces), él mismo se define como “un jugador agresivo, más atacante que defensor. Me gustaba mucho correr el contraataque. Y, aunque no era un excelente tirador, sí metía desde media distancia”. El premio a pasar más tiempo del deseado en el banquillo lo compensan en cierto modo los títulos: dos Ligas, seis Copas del Rey y una Recopa. Le quedó, como a toda aquella hornada, la espina clavada de la Copa de Europa, en su caso concreto con la derrota ante el Banco di Roma en 1985.

“La verdad es que éramos un grupo genial. Había muy buena relación en una generación nueva que cogió el relevo de la anterior. Baste decir que después de los partidos normalmente salíamos todos a cenar. Disfrutábamos mucho con todo”, recuerda.

Ansa es un hombre de pocas camisetas. Empezó a jugar en el Maristas de San Juan, el mismo colegio que Solozábal, donde había casi más tradición de hockey que de baloncesto. Después, pasó al juvenil del Sant Josep de Badalona para posteriormente incorporarse al Barcelona. Tras su década como azulgrana pasó al Cajamadrid. Aprovecho para recuperar unas declaraciones que hizo entonces en El Mundo Deportivo: “Me ha costado bastante la decisión de dejar Barcelona y trasladarme a Madrid, pero era evidénte que había terminado una etapa y da comienzo otra. En los últimos años sentía la sensación de que estaba adoptando un postura conformista y que si hubiera dado antes este paso, podría haber llegado más alto. Mi vida deportiva en el Barca ha sido un tanto oscilante, fue muy bonita durante mis años de júnior, en que jugaba muchos minutos y jugué habitualmente con el equipo senior, pero una vez en esta categoría y, particularmente en los últimos cuatro años, se ha contado poco conmigo”.

Precisamente en Cajamadrid/Bankia ha estado trabajando desde 1988, cuando se retiró bastante maltrecho de la cadera (“todavía me quedan algunas secuelas. Eso de que el deporte de élite es sano vamos a dejarlo”, bromea). Ahora busca una nueva aventura profesional, porque, con 56 años, siente que le queda mucha vida en la que pelear. ¡Y esta vez no tendrá a Epi y a Sibilio por delante!