Gary Alexander: Desafortunado músculo

Gary Alexander: Desafortunado músculo
Cáceres.

Javier Ortiz Pérez

No triunfó Gary Alexander en España. O al menos no lo logró en la ACB, donde tuvo tres oportunidades que resolvió de manera errática. Y eso que era un jugador con muy buena pinta: muy musculoso, rápido, con predilección por dar espectáculo y, en dos de las tres oportunidades, ya con un valioso pasaporte español en el bolsillo.

Pero no, no hubo manera. Nacido en Florida, de donde tampoco se movió en su etapa universitaria, puede presumir de haber jugado en la NBA en los mismos equipos que LeBron James, aunque en su caso fueron cuatro partidos en Miami y siete en Cleveland, todos en la 93-94 (19 puntos y 15 rebotes en 55 minutos). Después, emprendió la carrera europea con entradas y salidas constantes, o bien como sustituto o bien como sustituido.

El Estudiantes le fichó en la 95-96, pero solo llegó a jugar un partido (9 puntos y 10 rebotes en 28 minutos) y fue cortado para hacerle hueco a Keith Jennings. Tras pasar por Alemania y Turquía, tuvo un papel muy importante en el Breogán 96-97 de LEB: en 15 partidos se mostró dominador (15,4 puntos y 10,2 rebotes), lo que le valió buenos contratos en Francia y Polonia.

A Cáceres llegó en la 2000-01 de la mano de Alfred Julbe, ya como español por matrimonio. Walter Szczerbiak le avalaba: “es un pívot todo potencia, que ataca los rebotes con fuerza y que puede palmear los rechaces ofensivos con mate, es muy explosivo y espectacular”, decía en un artículo en ACB.com. Iba a ser el ‘4’ titular, pero su rendimiento no satisfizo al técnico catalán, que le buscó una salida hacia Gran Canaria tras nueve partidos y trajo a Deon Thomas. Al mismo tiempo, fichaba a Ferrán López, que ocupaba el puesto de base titular vacante por la lesión de Andre Turner.

En Las Palmas, con Manolo Hussein como técnico, Alexander no lo hizo mucho mejor en los siete encuentros de los que dispuso y tampoco terminó la campaña. Total, 20 partidos ACB con 6,8 puntos y 4,4 rebotes. Decepción. Se le solía reprochar que era flojo defensivamente y que su talento ofensivo estaba reducido al mate. Regresó a dos ligas en las que parecía sentirse más a su medida, la francesa y la polaca.

¿Cómo lo ve él? Un poco similar. “Tengo sentimientos encontrados cuando pienso en mi tiempo en España. La ACB era la mejor liga de Europa y considero que los jugadores españoles era más atléticos que en otros lugares del continente. Mis compañeros de equipo eran desde luego distintos a otros que tuve en Europa. Conecté mejor con ellos que con los franceses. Sin embargo, profesionalmente no tuve suerte allí. Creo que si se pregunta a mis entrenadores, podrán confirmar que yo tenía talento”, escribe vía Facebook. Atención cuando se le pregunta por cómo se gana la vida y dónde: “Vivo y trabajo en Atlanta. Soy investigador criminal”.