Alberto Rubio: El ‘center’ podólogo

Alberto Rubio: El ‘center’ podólogo
Con Huesca.

Javier Ortiz Pérez

A Alberto Rubio, con su imponente planta de 2,05, le confunden a veces con un celador en los pasillos del Hospital de La Paz, en Madrid. Él suele responder amablemente diciendo que es enfermero y que está adscrito al departamento de reanimación infantil. Lleva una vida de locos, ya que además de los turnos en el hospital atiende una consulta de Podología en Fuenlabrada, donde vive actualmente.

Lejos queda el tiempo en el que era pívot. Nació en Casatejada, un pequeño pueblo al noreste de la provincia de Cáceres que tiene unos 1.500 habitantes. “Empecé a jugar al baloncesto cuando me mandaron interno al Colegio San José de Villafranca de los Barros”, comenta. Para su altura era bastante coordinado, por lo que destacó en el programa ‘Objetivo 92’, una iniciativa de mediados de los 80 con vistas a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Fichó por el Real Madrid tras superar con éxito una prueba.

En la capital de España estuvo unos años como juvenil y junior, prolongándolo en su primer año senior (88-89) con el Atlético de Madrid de Primera B, la primera aventura de Jesús Gil en el baloncesto antes de desembarcar en Villalba. Fue entonces cuando dio el salto a la ACB de la mano de un club que siempre estaba muy atento al fichaje de pívots nacionales: el Huesca. Sin embargo, en Aragón no tuvo muchos minutos a lo largo de tres temporadas (151 en total en 20 partidos, a 8 de media, con 1,2 puntos y 1,4 rebotes). “No tuve muchas oportunidades, pero también lo recuerdo con agrado: jugar, aunque fuese brevemente, contra gente como Fernando Martín y Arvydas Sabonis”.

Volvió a bajar un escalón (Primera) en Villalba y Alcalá y en 1994 llegó su reencuentro con Extremadura: el Plasencia le fichó para estar en EBA cuando era la segunda categoría y allí sí rindió al máximo de sus posibilidades, siendo un jugador de gran presencia. “El Sabonis de Casatejada”, le llamó la prensa regional. “Fueron unos años estupendos, la verdad. Jugar tan cerca de casa era especial. Disfruté muchísimo y además empecé a mirar con mayor claridad mi futuro”, recuerda.

Ese “mirar con mayor claridad” fue empezar a estudiar Enfermería al mismo tiempo que jugaba. Su familia está muy vinculada con el campo de la sanidad y le gustaba. A punto de terminar la carrera, optó por la retirada, apenas con 28 años. “Estaba ya muy machacado”, afirma Rubio.

Cuando consiguió plaza en un hospital referencia a nivel nacional como La Paz (“me encantan los niños. Se viven situaciones muy especiales aquí”), su ambición no paró ahí: se puso con la Podología y emprendió su propia consulta en Fuenlabrada. Tiene tres hijos y un horario muy apretado, pero también es de los que vive con intensidad y casi placer su vida laboral. “Me mantengo bastante en forma. Me puse gordísimo cuando lo dejé, pero ahora estoy casi mejor que cuando jugaba”, asegura.