Alberto Alocén: Feliz en Aragón

Alberto Alocén: Feliz en Aragón
Con el Magia de Huesca (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

“Fueron los mejores años de mi vida”. Así resume Alberto Alocén su trayectoria en el baloncesto, con el argumento que ya ha aparecido varias veces en esta página: “Estás haciendo lo que más te gusta… ¡y encima te pagan! Realmente no se parece a nada de lo que puedas hacer luego en tu vida”.

Alocén, un alero de 1,90 muy ‘de la época’, se formó en las categorías inferiores del Real Madrid, en una ‘quinta’ con jugadores como López Iturriaga o Fernando Romay. Él también destacaba, acudiendo a menudo a las convocatorias de las selecciones inferiores, pero en la ‘casa blanca’ no tenía hueco, así es que fue cedido al Oviedo de Primera B.

El momento clave para mucho de lo que sucedería en el futuro llegó poco después, en 1980, cuando fichó por el Zaragoza. En la capital maña conoció a su mujer y se quedó a vivir: prácticamente no saldría de Aragón desde entonces, ya que, tras tres años vistiendo de rojo en el ‘Huevo’, encadenó otros ocho en el Huesca, casi todos en la Liga ACB. Sí acabó en Primera B en el Askatuak.

Aquellas temporadas en Huesca fueron una auténtica locura. Una maravillosa locura, más bien. “La verdad es que el ambiente que se generó fue irrepetible, con aquel pabellón con goteras y lleno de humo porque la gente fumaba tranquilamente. Era una auténtica ‘caldera’ con muchísima presión en la que perdieron todos los grandes. Recuerdo sobre todo al Madrid de Drazen Petrovic perdiendo allí”. Aquello sucedió el 30 de diciembre de 1988 (83-80) con 6 puntos en 16 minutos de nuestro hombre.

Y… ¿cómo encajaba él en aquel peculiar ecosistema? “Yo era un jugador de equipo. Hacía lo que se me pedía, porque teníamos muy buenos americanos como Brian Jackson y Granger Hall que absorbían mucho protagonismo ofensivo y también un nacional de referencia por dentro, Joan Pagés. Así es que era complicado anotar. Sí lo hice mucho más cuando estuvo en Primera B”, apunta. En sus seis campañas ACB en la capital oscense jugó 152 partidos, con 8,2 puntos en 24 minutos de promedio.

En Huesca todavía es muy recordado. “Voy a menudo allí, pero cuando repiten algún partido antiguo por la tele no me dicen lo bien que lo hacía, sino qué cortitos eran nuestros pantalones, sobre todo comparados con los de ahora”, cuenta entre risas. Llegó a ser el capitán del equipo verde.

Cuando se retiró montó una correduría de seguros en Zaragoza, pero sigue muy vinculado al baloncesto. Fue uno de los fundadores de la Asociación de Veteranos de Aragón y también es directivo del Mann Filter-Stadium Casablanca, equipo recientemente ascendido a la Liga Femenina.