Richard Petruska: Amante del ‘pescaíto’

Richard Petruska: Amante del ‘pescaíto’
En acción con el Unicaja (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Menudo corpachón gastaba Richard Petruska, ¿verdad? Fue un pívot quizás no muy estilista, pero útil al máximo gracias a su pasaporte italiano, fundamentalmente en el Unicaja durante un par de temporadas (desde 1999 al 2001), aunque luego también tuvo una pequeña etapa en Vitoria y otra en Zaragoza, aún en LEB.

Petruska mide 2,08, nació en Eslovaquia (bastante antes de la escisión con la República Checa) y culminó su formación en Estados Unidos, al calor de las playas californianas, primero en Loyola Marymont y luego en UCLA. Tras ser elegido el 46 del ‘draft’ de 1993, se dio el gustazo de jugar un poquito en la NBA con los Houston Rockets (22 partidos, 56 puntos) antes de empezar una fructífera carrera europea.

Permaneció cuatro temporadas en Varese(1994-1998) cuando todavía no se había abierto la veda de los comunitarios. Consiguió la nacionalidad italiana, lo que multiplicó su valor. A Málaga llegó entonces como un jugador de rotación importante, aunque las lesiones le condicionaron en ocasiones. En total, incluyendo los cuatro que jugó en el Tau en la 2001-02, fueron 58 partidos ACB con 7,1 puntos y 5 rebotes en 17 minutos. Hubo un jaleo entre Gijón y Cantabria Lobos para incorporarle después de salir de Vitoria y finalmente no fue a ninguno de los dos.

“Mi mujer Alexandra y yo disfrutamos mucho nuestro tiempo allí. Lo que más recuerdo es la cantidad de días que había de clima agradable en el Costa del Sol y la cultura y la mejor comida mediterránea. Nos gustas mucho salir con nuestros amigos españoles y solíamos ir a ‘chiringitos’ (sic) de la playa para comer ‘peascaido’ (sic)”, cuenta. Según asegura, sigue volviendo a Málaga de vez en cuando, y si no, a Ibiza. “Algunas veces en invierno huyendo un poco del frío y otras en verano a por las playas”, remarca.

Hay dos razones muy tangibles por las que tampoco olvidará Málaga: “tengo dos niños de diez años que nacieron en el hospital de allí, en el 2003, así es que son ‘malagenos’ (sic)”.

En el plano deportivo, apunta, “creo que hicimos un gran baloncesto con el Unicaja” y “jugar en España fue un gran modo de acabar mi carrera”, en referencia a sus meses en el CAI Zaragoza buscando un ascenso que no se produjo.

Desde luego, en casa de los Petruska debe respirarse lo español: “Mi esposa terminó después de cuatro años su carrera universitria de lengua y cultura española, así es que habla muy bien el idioma”, cuenta Richard.

Ahora ayuda a un club de baloncesto en Bratislava, la capital de su Eslovaquia natal, en el que los chicos ya juegan al baloncesto. “Entreno en plan amateur para enseñar a los jóvenes algo de mi experiencia en el mundo del baloncesto. A nivel profesional, trabajo en una empresa de informática”, señala.