Benito Doblado: Cuando el triple es respirar

Benito Doblado: Cuando el triple es respirar
Caja San Fernando.

Javier Ortiz Pérez

Benito Doblado, afiladísimo tirador sevillano. En el lanzamiento de tres puntos empieza y acaba la carrera de un jugador tendente a lo unidimensional, pero ¡qué bien lo hacía! Era fascinante verle clavar triple tras triple con una facilidad pasmosa, sin levantar apenas los pies del suelo y montando el movimiento de muñeca rápidamente.

Doblado compartió buena parte de su trayectoria con un jugador muy parecido a él: Raúl Pérez. Ambos aparecieron en el Caja San Fernando casi al mismo tiempo (finales de los 80) y formaron un dúo terrorífico. Durante mucho tiempo compartieron pista a pesar de que, en teoría, el club debía decidirse por uno de los dos, a la vista de sus características casi idénticas. Pero… ¿cómo hacerlo si los dos eran tan buenos?

Raúl estuvo en Sevilla hasta el 97 (aunque volvería) y Benito hasta el 98, siendo ídolos locales por su procedencia canterana. No ha vuelto a tener una hornada así el club. Ambos vivieron el florecer del baloncesto en la capital andaluza, siendo actores secundarios pero importantes de aquel brillante Caja de los Brian Jackson, Darrell Lockhart y Nacho Azofra.

Pérez y Doblado se fueron respectivamente a Valladolid y Cáceres, donde siguieron asegurando castigo desde 6,25. Hace no mucho hablé con Doblado para promocionar un campus en el que participaba en la provincia extremeña, organizado por ‘Piti’ Hurtado (que, por cierto, le dedicó un gran vídeo) y Juan Pablo Márquez, y le pregunté si lo suyo era talento natural o algo que pudiese aprenderse a base de mucho trabajo. “Es complicado. Es un aspecto del juego que es difícil enseñarlo, porque hay un alto componente de intuición, algo muy personal. Alfred Julbe en un curso de entrenadores dijo que en el aprendizaje no se podían trasladar los grandes modelos”, respondió.

Ya con el pelo muy canoso antes de llegar a los 30, en Cáceres estuvo tres temporadas y media más en Torrelavega, donde en 2002 cerró su etapa ACB totalizando 306 partidos (6,5 puntos en 17 minutos). Destaca que tiró más de tres (875 veces) que de dos (713), con un porcentaje bastante majo, por descontado (41%). Estaba más conceptuado como jugador saliendo del banquillo para revolucionarlos a base de tiro exterior. Defensivamente es evidente que tenía carencias, y más cuando las lesiones empezaron a acosarle de forma descarada.

Después, alargó su carrera en la LEB en sitios como Huelva, Huesca y Zaragoza, donde, tras retirarse en el 2006 (aunque siguió un añito más en EBA con El Olivar) trabajó como coordinador de la Fundación del CAI, de la que se desvinculó hace poco más de un año. Asegura que le gusta la docencia, trabajar con chicos jóvenes, y, al menos este verano, estaba a la espera de emprender algún nuevo proyecto.

“Con la perspectiva de los años se ve con satisfacción. Ser un profesional de la canasta es ser un privilegiado. Dijo Epi que son los mejores años de nuestras vidas. Hay algo de nostalgia y también de orgullo por haber disfrutado de un deporte de un deporte tan apasionado como el basket. Hay cosas que se echan de menos y te gustaría volver a vivirlas”, dice globalmente sobre su trayectoria.