Ricardo Peral: El evaporado ‘Kukoc español’

Ricardo Peral: El evaporado ‘Kukoc español’
Con el Guadalajara (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Muy a menudo las expectativas desmesuradas devoran a un jugador prometedor, pero nada más. Para Ricardo Peral imagino que tuvo que ser duro que durante un montón de tiempo, a finales de los 80 y principios de los 90, lo más habitual fuese referirse a él como ‘el Toni Kukoc español’ por los parecidos físicos y de estilo.

El chico parecía tener los mismos ingredientes dentro de sí que la ‘Pantera Rosa de Split’: una gran altura para jugar como alero (2,07), velocidad, tiro de media distancia, la cabeza amueblada y un gran club para acogerle y dejarle crecer entre los mejores, en este caso el Real Madrid.

Nacido en Valladolid, los blancos le captaron de la cantera del Maristas pucelano y le metieron en su ‘horno’ con enormes esperanzas de convertirle en un jugador clave. Asomándose a menudo a los entrenamientos del primer equipo, llegó a debutar en la ACB en la 91-92 de la mano de George Karl sin haber cumplido todavía los 18 años. Disputó seis partidos más aquella campaña en lo que se suponía que iba a ser el ‘amanecer’ de una gran carrera en el Madrid. Pero no. No hubo más. Ni en el Madrid ni en la liga española. 23 minutos y 8 puntos en total.

La siguiente campaña, la 92-93, la jugó en el Guadalajara, entonces filial madridista. Y algo pasó entonces, porque decidió salirse del camino previsible y aceptar la oferta de Wake Forest, donde estaría los cuatro años siguientes estudiando Informática y jugando varios de ellos al lado de Tim Duncan. No despuntó como para llamar la atención de la NBA, pero tampoco lo hizo mal, y su condición de comunitario le abrió las puertas de un mercado emergente como el griego. Del 97 al 2000 estuvo en el PAOK de Salónica y entonces, con 26 años, abandonó.

¿Qué pasó? Nadie me ha sabido contar gran cosa sobre Peral, al parecer un chico muy inteligente, reservado y tímido, para el que, aseguran, el baloncesto no era su gran prioridad. Rechazó todas las ofertas que tuvo y regresó a Estados Unidos, donde había conocido a su mujer en su época universitaria. Consiguió un trabajo en el departamento de informática de la Facultad de Medicina de Wake Forest y allí vive, en Winston-Salem (North Carolina).

César Nanclares, director editorial de ‘Gigantes del Basket’, me encargó para mi colaboración mensual con la revista que le localizase y hablase con él para desentrañar el misterio de su historia o simplemente nos contase qué tal le va. Le ‘freí’ a mails y llamadas telefónicas transoceánicas, pero no obtuve respuesta hasta que, al decimocuarto correo aproximadamente, respondió con un lacónico “no, gracias” a mi petición de entrevista. En fin, lo respeto, por supuesto. Pero hubiese estado bien saber qué pensaba.

Peral tiene, eso sí, todo un fan: alguien que mantiene una página en Facebook con muchas fotos y detalles sobre su trayectoria que, al igual que yo, no ha conseguido el testimonio directo del protagonista.