Miguel Piñeiro: Segundo base ferrolano

Miguel Piñeiro: Segundo base ferrolano
En acción.

Javier Ortiz Pérez

Miguel Piñeiro se mantuvo inalterable durante ocho temporadas como base reserva del OAR Ferrol, desde 1985 hasta su salida del club, en 1993. Como todos en aquel peculiar ‘microcosmos’, entendía perfectamente su papel y lo desarrollaba con exactitud: darle el descanso conveniente a gente como ‘Mico’ Saldaña o Ricardo Aldrey sin que se notase un bajón en el equipo.

Como hemos hablado otras veces, era aquel un proyecto muy especial, muy de ‘gente de la casa’. Y el que no era ‘de la casa’, se integraba en ella como si lo fuese. Piñeiro nació en Narón, que está pegado a Ferrol, y creció en las categorías inferiores de un club en el que debutó en ACB con apenas 18 años.

De sus ocho temporadas vestido de blanco y verde, siete fueron en la máxima categoría (203 partidos) y una, la 87-88, en Primera B, fue culminada con el ascenso. Después de su salida de A Malata, solo tendría una experiencia fuera de Galicia, en la 93-94 en Tenerife.

“Empecé a jugar en el Colegio Santiago Apóstol, pero muy rápidamente llegué al OAR”, rememora. Como él mismo reconoce, era un base con unas cualidades más enfocadas al altruismo que a la anotación. “No es que fuese excesivamente rápido, ni tiraba mucho a canasta. Me gustaba sobre todo controlar el juego”, apunta.

Su ‘válvula de escape’ del papel de segundo base lo encontraba cuando, en algunas temporadas, se puso de moda lo de jugar con varios ‘pequeños’ al mismo tiempo en pista. Entonces, su protagonismo aumentaba, pero nunca sin perder sus señas de identidad de hacerle llegar el balón en las mejores condiciones posibles al compañero. “En general estuve contento con mi papel. Siempre intenté cumplir con lo que me pedían”, apunta. A menudo se decía de él que miraba poco al aro y los números lo confirman: solo promedia 3 puntos por partido en 16 minutos de juego en su etapa ACB. Su media de tiros de campo intentados es de solo 2,8 en ese tiempo. El cicatero criterio que había por entonces de contabilizar las asistencias le deja con apenas una por encuentro, una situación anómala que resulta muy difícil de revisar.

“Me acuerdo sobre todo de la época de la cantera. Todo lo que se te queda de aquel tiempo es excelente. Después, la experiencia de jugar en ACB también es estupenda, aunque con momentos mejores y peores. En realidad, todo son vivencias que te aportan”, apostilla.

Se retiró en el 96 en el Coruña de EBA tras no superar unos problemas en la rodilla. Sigue viviendo en Ferrol, donde ha estado ligado, como tantas personas en esa ciudad, al mundo naval. Ha sido delegado comercial en distintas empresas de un sector que está metido en bastantes problemas. “No se mueve nada”, lamenta.