José Carlos Cabrera: ‘El Cabra’ lo cuenta todo

José Carlos Cabrera: ‘El Cabra’ lo cuenta todo
En acción con el Canarias.

Javier Ortiz Pérez

Quien se anima hoy a escribir su propia biografía para esta página es José Carlos Cabrera, que comparte apellido, procedencia y posición en la pista con el mítico base canario Carmelo Cabrera. José Carlos no tuvo una carrera tan brillantísima, pero sí con sus matices interesantes. Os dejo con él.

“Soy de la promoción del 60 y me formé en la cantera del Náutico de Tenerife, pasando al equipo senior en la temporada 81-82. Allí jugué seis años en la antigua 1ªB, en un equipo en el que, perdieras o ganaras, siempre te divertías: sin sistemas y a correr.

En la 88-89 fiché por el CB Canarias: el maestro Carmelo Cabrera se retiraba y buscaban un complemento para Salva Díez, que no resultara muy caro. Todavía recuerdo mi primer partido en la ACB: contra el Madrid, en casa y defendiendo al gran Drazen Petrovic. Muy fuerte… menos mal que ese día no estaba especialmente motivado y no le puso mucho empeño a la cosa.

Fueron tres temporadas extraordinarias en las que tuve la suerte de compartir cancha con jugadores importantes y unos tipos geniales: Díez, Jordi Puig, Freixanet, De Las Casas, Matías Marrero, Pedro Solana, Pepón Artiles, Pedro Ramos y, sobre todo, Germán González. Para mí fue siempre un referente de carisma y de calidad, el jugador con más intensidad que he visto.

En la temporada 90-91 perdimos la categoría. Un equipo con el máximo anotador de la temporada anterior (Ray Smith), el máximo reboteador (Ken Johnson), el máximo anotador nacional (Germán) y el resto, que no éramos mancos, era imposible que descendiera. Pues no hubo manera. El OAR de Ferrol nos mandó a 1ªB… ¡Demasiados gallos en el gallinero!

Luego vinieron dos intentos consecutivos de retornar a la ACB, pero los graves problemas económicos del club lastraron el rendimiento de dos buenas plantillas (incluso un americano se nos fugó a su país en pleno viaje a Bilbao para jugar un play-off de ascenso). Un poco aburrido de tanto problema, en 1994 di por concluida mi carrera como profesional. Nunca había salido de la isla y no iba a hacerlo con 34 años.

A título individual, tengo que reconocer que estoy bastante satisfecho del nivel de juego que alcancé. Una de mis especialidades: el tiro exterior. En general, hice buenas estadísticas y en la fase regular de la temporada 90-91 sólo fui superado por el gran Chichi Creus en el balance entre el total de triples convertidos y su porcentaje. Demasiado bajito para jugar de 2, fui un base atípico, poco amigo del baloncesto control y mucho del juego libre y sin demasiados frenos. Fruto de ello es el apodo con el que siempre me han conocido en la isla desde chico: “El Cabra”.

Pero la mayor satisfacción ha sido, sin duda, el haber podido formar parte de la élite del baloncesto nacional, tanto en ACB como en 1ªB; la sensación de estar jugando entre y contra los mejores, y, sobre todo, las vivencias con los compañeros y amigos, hoy convertidas en “batallitas”.

Después de la retirada y tras unos años de experiencia docente, gané unas oposiciones al Cabildo de Tenerife, convirtiéndome en uno de esos funcionarios culpables de todos los males que aquejan al país, dedicado a esa ingrata tarea –en la que casi nadie cree- como es la conservación del patrimonio histórico insular. Sigo casado con mi mujer de toda la vida, con un hijo que ya ejerce como médico y el “pequeño” estudiando derecho. Continúo jugando en uno de los equipos del Náutico, sin que haya podido sacudirme la adicción a este gran deporte… Y hasta que el cuerpo aguante.