Javier Muñoz: Introspección desde Sevilla

Javier Muñoz: Introspección desde Sevilla
En el Caja San Fernando.

Javier Ortiz Pérez

Fantástico el texto que me ha enviado Javier Muñoz sobre su carrera en el baloncesto. Los voy a insertar íntegro porque, aunque se excede un poco de la extensión habitual en esta sección, daba mucha pena cortarlo. Está escrito con una enorme pasión, con muchos detalles. Allá va.

“Nací en Sevilla en 1973. Sevillano y sevillista. Hasta los 11 años jugaba a la pelota con los pies. Empecé entonces a jugar al Baloncesto, en el Colegio donde estudiaba (Portaceli Sevilla), de la mano de Felipe Folgado y después Pepe Carrión. Tengo grabadas las constantes risas que había en esos equipos, en especial las de mi eterno amigo Marcial.

A los 14 años me llama el Real Madrid para unirme al cadete que entrenaba Ángel G. Jareño. Una experiencia que me hizo madurar más rápido. Vivir fuera de casa en una pensión, compaginando estudios y deporte a esa edad tan temprana y sin la supervisión paterna, aceleró mi crecimiento. Juego 2 años en el cadete A y un año en el Juvenil A. Durante esos años, el baloncesto no se “detenía” ni en vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano pues tenía la suerte de estar siempre convocado a las concentraciones de Siglo XXI, selecciones… Grandes recuerdos, aprendizajes, y amigos en esos 3 años (Javi, Nacho, Isma, José, Jero, Alberto, Martín, Miguel Ángel…).

A veces, teníamos que comenzar un poco más tarde nuestros entrenamientos en la antigua Ciudad Deportiva. El primer equipo entrenaba en ocasiones justo antes que nosotros, y algunos jugadores se quedaban haciendo sesiones de tiro tras acabar su entreno. Tengo en la memoria sobre todo a Drazen Petrovic, con cinturones y tobilleras con pesas tirando triples desde siete metros y medio. Infalible. Y Fernando Martín, también solía quedarse. Para nosotros era un orgullo hacerles de "recoge pelotas" (recuerdo que cuando me tocaba a mí, con Drazen solo tenías que ponerte bajo la cesta, ¡no fallaba una!).

Tras 3 años en el Real Madrid, voy a EE.UU. a estudiar COU y jugar al basket en un High School. Una experiencia vital única. Varias Universidades americanas me siguen para becarme y quedarme allí. Pero tras finalizar el curso, firmo mi primer contrato profesional con el Caja San Fernando. Decido no seguir la aventura americana y volver a mi ciudad natal.

A mi vuelta de EE.UU en ese verano de 1991 tengo que renunciar a la llamada de la selección española junior para poder examinarme de selectividad. Pese a la ilusión que me generaba el baloncesto, nunca renuncié a la prioridad académica.

En Agosto 1991 comienzo la pretemporada en el Caja de José Alberto Pesquera. Mi balance oficial en esa temporada ACB es muy pobre. Sólo 40 minutos en partidos oficiales (15 puntos, 11 rebotes). Pero más allá de los números, me considero un privilegiado por haber podido aprender y compartir vivencias, a mis 18 años de edad, con un puñado de excelentes profesionales y personas: Chus Llano, Chinche Lafuente, Raúl Pérez, Quino Salvo, Carlos Montes, Dan Bingenheimer, Darrell Lockhart, Benito Doblado…

Al poco de iniciarse la temporada 1992-93, Steve Trumbo ficha por el Caja. En aquellos tiempos los “nacionalizados” que no ocupaban plaza de extranjero no eran tan frecuentes como hoy en día. Siendo consciente de mis pocas posibilidades de jugar minutos de calidad en ACB, me voy cedido al único equipo sevillano en aquel año jugando 2ª Nacional, el Más por Menos de Alcalá de Guadaira, entrenado por Arturo Montequi. Esa temporada la paso medio en blanco por una lesión de espalda.

La temporada siguiente formamos un buen conjunto (Modesto Carvajal, Rafa Monclova, Juanjo Morcillo, José María Mena…) y conseguimos ascender a liga EBA (entonces no había LEB, la EBA era la siguiente liga tras ACB). El Caja San Fernando compra los derechos del nuevo ascendido, para tener un filial en EBA.

Así que mi última temporada jugando es otra vez en el Caja San Fernando, ahora en EBA, con Arturo Montequi como entrenador, y compaginándolo con mi carrera universitaria. Al finalizar ese curso 94-95 me surge la posibilidad de terminar mi 5º y último año de Licenciatura en Francia (beca Erasmus) y decido coger ese reto, pensando en mi formación académica y poniendo punto y final a una carrera baloncestística de poco éxito deportivo pero de gran recompensa personal. El Baloncesto me ha dado enseñanza, amigos, madurez, diversión, … una juventud muy feliz. Y creo que me ha marcado como persona.

Un ejemplo del legado de estas vivencias lo tendremos en Irlanda en Noviembre de este año, donde los “nuevos cuarentones” (nacidos en 1973) que jugamos juntos en el Real Madrid nos vamos de viaje a pasarlo muy bien, con la excusa de jugar un torneo para mayores de 40 años (¡¡¡esperemos no volver lesionados!!!)

En la actualidad vivo en Sevilla, felizmente casado con Ana y padre de 3 niños maravillosos (Martín 10 años, Beltrán 8 y Mencía 4). Trabajo como director de 3 de las 4 Unidades de Negocio que tiene el Grupo Iturri, una multinacional con 1.000 empleados repartidos en 4 continentes, cuya sede central está en Sevilla.

Por último, quisiera aprovechar para agradecer a mis padres todo su apoyo y confianza. Recuerdo cuando me reunieron en la salita de casa, en Sevilla en Julio de 1987 (yo con sólo 14 años), y les pregunté que qué tenía que hacer (el Madrid cadete quería que fuera con ellos, pero eso significaba dejar mi casa a los 14 años para irme a una pensión a la capital). Y me respondieron que “era yo quien tenía que tomar la decisión”. Ahora, ya como padre, miro hacia atrás y pienso ¡qué ejercicio de generosidad y valentía! ¡Espero poder estar yo a su altura cuando me lleguen momentos parecidos con mis hijos!

Gracias también a mis tíos Alfonso y Gloria, por el arropo y cariño durante esa primera etapa en Madrid (¡todos los domingos comíamos en familia!). Y gracias a tantos compañeros, entrenadores, preparadores físicos, médicos… Siempre digo que el baloncesto tiene algo especial. Ayer por ejemplo me reencontraba con un antiguo compañero, al que hacía más de 20 años que no veía. Y creo que las vivencias del vestuario unen mucho, porque de veras que parecía que nos habíamos visto ayer…”