Josetxu Astarloa: El ‘chicarrón’ hijo del pelotari

Josetxu Astarloa: El ‘chicarrón’ hijo del pelotari
Con el Murcia (95-96).

Javier Ortiz Pérez

Es la segunda vez que me lo encuentro: un jugador que en su día militó en la actualmente denominada Liga Endesa se ha cambiado de apellido tras su retirada. Al igual que Iñaki Rodríguez, que pasó a llamarse Iñaki Erauncetamurguil, otro vasco como José Posada se siente más cómodo como José Astarloa.

Cierto es que en el caso que nos ocupa ahora el cambio es mucho menos radical: mucha gente le conocía como ‘Astarloa’ incluso en su época de jugador, pese a que era su tercera apellido. La explicación es sencilla: su padre fue un famoso pelotari cuyo nombre deportivo era ‘Astarloa’, así es que el hijo heredó esa denominación.

A Josetxu, sin embargo, le dio por el baloncesto, no por los frontones. Con esa planta, era casi obligado. Explora el arquetipo de ‘chicarrón del norte’: es un armario de 2,05 que ahora se conserva, 20 años después de dejar el baloncesto profesional, en muy buenas condiciones físicas.

La lástima fue que empezó demasiado tarde con esto de las canastas: casi a los 16 años, lo que probablemente limitó sus posibilidades a nivel técnico. En el Durango dio unos pasos decisivos y muy rápidos para su formación. Apenas dos años después, en la temporada 88-89, estaba debutando con el extinto Cajabilbao en la máxima categoría, donde permaneció dos temporadas. De hecho, fue en el ‘Botxo’ donde transcurrió la mayor parte de su carrera, exceptuando un año intermedio en el Lagisa Gijón y su segunda oportunidad con marchamo ACB, en la campaña 95-96 en Murcia, donde llamó la atención por su papel en una liga de verano de Alcoy. “La verdad es que no sé muy bien cómo acabé jugando aquella liga, pero conseguí un puesto en el equipo”, apunta.

En tres campañas en la máxima categoría (dos en Bilbao y la de Murcia) su papel no pasó de ser extremadamente secundario. 35 partidos y 1,5 puntos y 1,4 rebotes de promedio en 6 minutos. Su intimidación se dejaba notar más en Primera, donde era más sencillo imponer su corpachón.

“Tuve buenas temporadas”, destaca. “No sé si empecé demasiado tarde a jugar, pero me divertí durante unos años. Me retiré con 28 para centrarme en la empresa familiar, dedicada a herramientas y corte. Me encargo más bien de la parte comercial”, cuenta. Su vida gira alrededor de Mallabia, una pequeña localidad vizcaína muy cercana a su Ermua natal.

Esa “retirada” de la que habla solamente fue a nivel profesional, tras jugar la 96-97 en el Bilbao Patronato de la LEB (6,2 puntos y 3,2 rebotes en 17 minutos). Después, el hijo del pelotari Astarloa continuó otros diez años en pequeñas competiciones de nivel autonómico en conjuntos como el Zaldua y el Tabirako, pero a un nivel amateur.

Su carrera también tuvo un pequeño momento de gloria que esos que no se recogen los fríos historiales: hizo una pretemporada con el Tau de Sergio Scariolo.