Pablo Laso: Lo primero, pasarla

Pablo Laso: Lo primero, pasarla
Muy joven en Vitoria.

Javier Ortiz Pérez

Pablo Laso, el técnico ganador de la Liga Endesa 2012-13, tiene un pasado bastante reciente como jugador. Hace justamente diez años que se retiró dejando atrás una carrera bastante gloriosa en las canchas, caracterizada por su altruismo y visión de juego. ¿Hay parte del Laso-jugador en el Laso-entrenador? Es muy posible: a aquel pequeño base le gustaba atacar, aunque no exactamente encestar él. Más bien prefería que lo hiciesen otros. Y tenía una inaudita capacidad para hacerle llegar el balón en las mejores condiciones a sus compañeros.

El chico, hijo de un entrenador histórico en el baloncesto español como Pepe Laso, siempre tuvo que luchar contra las dificultades físicas, incluso para su época, en la que no había el ‘culturismo’ actual. Medía apenas 1,78 y no era fuerte, pero sí muy inteligente. Laso padre le mandó a Estados Unidos, a un pequeño ‘high school’ en Pennsylvania, para que terminase de aprender un oficio que ya había dado muestras de saber sobradamente cuando debutó con 16 años en la segunda edición de la Liga ACB, la 84-85, con el Caja de Álava, denominación entonces del Baskonia.

En el primer equipo de Vitoria pasaría once temporadas siendo pieza clave en el tremendo crecimiento de la entidad. ‘Titularísimo’. A Josean Querejeta le tuvo primero como compañero y luego como presidente. Y él se fue adaptando a la cada vez mayor calidad de sus compañeros, pero siempre en el mismo tono de ‘primero el pase y luego el tiro’ que le llevó a marcas estratosféricas de asistencias, como las 8,9 de promedio en la 93-94 (más 9,9 puntos). Cinco temporadas distintas lideró esa clasificación a nivel nacional.

Era rápido con las manos robando y no era un gran tirador, pero con el tiempo acabó siendo peligroso. Y acabó siendo llamado por la selección española, para la que disputaría 61 partidos, aunque en un ciclo bastante árido.

En 1995 recibió la misma llamada que en el 2011: la del Real Madrid. Pero su etapa de blanco no fue un gran éxito, pese a que volvió a encontrarse con Joe Arlauckas, con el que había estado en Gasteiz y que es, probablemente, el jugador con el que mejor se entendió en su carrera. Aquellos contraataques protagonizados por ambos eran brutales. Estuvo poco más de dos temporadas sin acabar de conseguir más que a ráfagas el nivel que había alcanzado en el Tau, aunque, eso sí, sumó el segundo título de su carrera (el primero había sido la Copa del 95, con él de MVP) con la Eurocopa (antigua Recopa) del 97.

Iniciada la 97-98 fue ‘empaquetado’ a Cáceres, iniciando así un peregrinar por distintos equipos (Unicaja, Girona, Lleida, Valladolid) en los que, aunque alejado de los grandes focos, casi siempre mostró su capacidad de liderazgo, aunque seguramente ya por entonces albergaba a un entrenador en la cabeza.

Lo contundente es que, excepto un par de meses en Italia (Trieste), nunca se apeó de la ACB. 19 temporadas consecutivas y unos números de escándalo: 623 partidos, 17.362 minutos (28 de media), 4.585 puntos (7,4), 2.879 asistencias (4,6)…

“Como jugador te quedas, por encima de todo, con los muchos compañeros con los que has compartido vestuario, con todas las amistades hechas a lo largo de una carrera tan larga como la que tuve y también recuerdas los grandes partidos, los éxitos deportivos y las competiciones de alto nivel disputadas, destacando por encima de todo a lo largo de estos años el compañerismo y la amistad”, afirma. Y… ¿cómo se ve como jugador? “Era un director de juego. Mi labor era la de organizar al equipo y crear para él, hacer que el equipo jugara de la manera que quería el entrenador, que se requería en cada momento. Esa era mi principal virtud y misión sobre la cancha”, responde.

La última parte de su película la hemos visto casi todos hace poco. La siguiente temporada después de dejarlo, en el 2003, ya estaba entrenando, obteniendo su primera oportunidad en el Castellón de LEB-2. Poco tardó también en debutar en un banquillo de la máxima categoría con el Pamesa, aunque aquello no le acabó de salir redondo. Sí lució en el paso atrás que dio hacia la LEB, primero en Cantabria y luego en el Lagun Aro/Buesa, con el que logró el ascenso en el 2008. Sus notables cuatro años en San Sebastián le abrieron las puertas del Real Madrid, cuya confianza correspondió con la primera Copa del Rey en casi 20 años, la de Barcelona-2011, y la Liga Endesa recientemente ganada a cinco partidos ante el Barcelona.

“La verdad es que la transición desde cuando era jugador hasta mi actual profesión fue bastante rápida. En mis últimos años como jugadores ya veía el juego desde el punto de vista de un entrenador y a los pocos meses de dejar de jugar tuve la oportunidad de comenzar a entrenar”, destaca. No da mucho tiempo a regodearse en los éxitos que ya son pasado: la exigencia de un club como el madridista exige centrarse en el día a día con la ‘obligación’ de ganarlo todo.