José Antonio Villegas: Un minuto imborrable

José Antonio Villegas: Un minuto imborrable
Con el número 10, siendo un crío.

Javier Ortiz Pérez

El que nos escribe hoy su historia particular es José Antonio Villegas, un alero malagueño de 1,90 que tuvo la oportunidad de jugar un partido con el Caja de Ronda en la temporada 84-85. Preparaos para otro de esos relatos de baloncesto auténtico desde cerca narrados por sus mismos protagonistas. Aprovecho para agradecer a todos los exjugadores que han colaborado con este espacio y para invitar a todos los que hayan pasado por la máxima categoría para que se unan. Esto es lo que me ha enviado Villegas:

“Cuando con 13 años pasaron por mi colegio los responsables de la ‘Operación Altura’ del Caja de Ronda ni siquiera pensé que podría formar parte de algún equipo federado. En aquel entonces jamás había jugado al baloncesto, solo al fútbol en el barrio, y los mínimos conocimientos que tenía sobre baloncesto se reducían a los partidos que había visto por televisión del Real Madrid de Cabrera, Brabender y Walter. Sin embargo me seleccionaron para formar parte del equipo infantil, y ahí fue donde empecé a ilusionarme con este deporte.

Rodeado de muy buenos profesionales y grandes compañeros fui aprendiendo a desenvolverme con un balón y una canasta. Pasaban los años y ante mi sorpresa seguía escalando en las distintas categorías de la cantera del club. No tenía grandes cualidades físicas ni técnicas, pero mi esfuerzo y constancia hacía que la mayoría de los entrenadores me consideraran un buen especialista defensivo. Aunque empecé jugando de pívot cuando llegué a la categoría Junior terminé jugando en la posición de 2-3. Y fue en esta categoría, en la que ya tenía bastante claro que no iba a dedicarme profesionalmente a esto, cuando debuté con el primer equipo del club.

Era norma que varios juniors estuvieran en el banquillo con los integrantes de la plantilla profesional, de hecho en aquel entonces yo entrenaba con frecuencia con ellos. Recuerdo el partido Caja de Ronda-Cacaolat Granollers, el entrenador era Ignacio Pinedo y su ayudante, José María Martín Urbano. En los instantes finales salió por faltas personales Gonzalo Sagi Vela y el técnico decide que dispute ese minuto final. Para mí fue como un premio a los años de entrenamiento y sacrificio por un deporte que me acabó dejando una huella importante, además de grandes amigos.

A posteriori entrené varios años equipos de la cantera del club, ya que me costaba desprenderme de esa adicción llamada baloncesto.

Finalmente, como nos ocurre a la mayoría tuve que cerrar página y encaminar mi futuro laboral. En la actualidad trabajo en el departamento administrativo de una empresa dedicada a estructuras de aluminio, y sigo recordando mis años en este deporte como una de las experiencias más fructíferas en mi vida”.