Rob Gibbons: Memorias de un ejecutivo en Vitoria

Rob Gibbons: Memorias de un ejecutivo en Vitoria
Gibbons, a su llegada a Vitoria.

Javier Ortiz Pérez

La verdad: lo he flipado un poco con Rob Gibbons. Solamente jugó un par de partidos en el Tau de la temporada 98-99 (21 minutos con 6 puntos y 8 rebotes en total). Vino más bien para reforzar los entrenamientos. Pero me ha escrito un gran texto muy detallado sobre aquellas fugaces semanas en su vida y cómo es la que lleva ahora, que parece bastante exitosa en lo profesional. Os dejo con este neoyorquino de 2,08 y pasaporte irlandés…

“Fue hace mucho tiempo, pero tengo buenos recuerdos del tiempo que pasé en España. Fue un desafío duro para mí. El equipo tenía mucho talento y yo acababa de salir de la universidad. Intenté hacerme con un hueco en la plantilla. Me llevó más tiempo del esperado conseguir mi pasaporte comunitario, así es que mi situación era la de intentar ponerme en forma dentro de un equipo cuando la temporada ya había comenzado.

El Tau tenía un equipo increíble: Anthony Bonner, Elmer Bennett, Rusconi, Serge Zwikker, Jorge Garbajosa y otros jugadores con mucha calidad. También estaba un entrenador relativamente joven y muy exigente, Sergio Scariolo. Me gustó la intensidad del club desde que llegué al pabellón. El entrenamiento, que era el segundo del día, había terminado, pero había dos ayudantes pasándole balones a un jugador de poste al que reconocí inmediatamente. Bonner se había quitado la camiseta y estaba haciendo trabajo extra. Sin mirarme, me dijo alto y claro: ‘tú, hombre grande, ¿por qué no dejas de mirar y traes aquí a la pista tu culo gordo?’. Aunque acababa de volar desde Chicago, cogí el reto, intentando evitar el jetlag.

La primera cosa que se me ocurrió es que en mi vuelo habían perdido mi equipaje y todo lo que tenía era lo que llevaba puesto. Eso no fue problema porque tenía mis botas de baloncesto. Uno de los ayudantes encontró unos pantalones, una camiseta y unos calcetines y los dejó encima de una silla para mí. Me cambién y salté a la pista. Mi nuevo amigo Anthony Bonner me machacó durante una hora. Es el jugador más duro defensivamente que me he encontrado en mi vida y cada día en las siguientes semanas me hizo recordarlo. Tuvimos muy buena relación mientras estuve allí.

Otro de los mejores recuerdos fue también el primer día. Me registré en el hotel y el día siguiente hicimos un viaje de siete horas en autobús. Ganamos por un punto en una cancha difícil gracias a una canasta a tabla en el último segundo de Bennett. De repente, y tras un silencio, los aficionados empezaron a tirar cosas y se formó un gran caos. Los jugadores luchamos por salir corriendo de la pista. Cuando por fin llegamos al vestuario, la gente de seguridad nos deijo que nos diésemos prisa, que no teníamos tiempo para ducharnos. Cuando ya estábamos en el autobús nos apedreraron. Fue increíble. Algunos chicos estaban un poco atemorizados. Yo no dormí en todo el viaje. Pensé que si los aficionados eran así, iba a ser una gran experiencia.

Me encantó Vitoria. Recuerdo ir a O’Connors a tomar una pinta de Guinness en los días libres y conocer a gente. Algo que me impactó fue el sentimiento de comunidad de la gente, cómo compartían las cosas. Cada jueves en el vestíbulo de mi hotel un gran número de personas ocupaba todas las mesas: jugaban a las cartas, bebían, fumaban… Después de un rato me di cuenta de que no era más que un lugar donde encontrarse con los amigos una vez por semana. Me dejó un sentimiento muy positivo lo simple que es estar con viejos amigos. Miré aquella gente y pensé: ‘me encantaría ser tan afortunado como para tener un sitio donde encontrarme con amigos cuando tenga su edad’.

A veces pillé una cerveza y me senté en aquellas mesas. Mi español era muy pobre, pero a nadie le importaba. Siempre fui bienvenido y gente venía a hablar conmigo. Recuerdo que el gran tema de conversación fue la apertura de un nuevo centro comercial de El Corte Inglés en la ciudad.

¿Cómo es mi vida? Es mejor de lo que pueda imaginar. No fue fácil conseguirlo, y tuve la suerte de encontrar a la persona perfecta para compartirla, mi esposa Erica. Tenemos dos niños pequeños, Cameron, de cuatro años, y el pequeño Rob, de uno. Vivimos cerca de Boston y viajamos frecuentemente.

Soy el director de una compañía de análisis de datos llamada Kontagent, que tiene su sede en San Francisco. Tenemos varias plataformas de software que permiten a nuestros clientes, desde cualquier lugar del mundo, manejar y monetizar sus aplicaciones. Empezamos en la industria del juego y ahora hemos ampliado a campos como las finanzas y la salud.

Soy también uno de los principales dueños de una compañía de software médico, Recordation Inc. Su misión es ofrecer programas fáciles de usar relacionados con la salud, configurados y ejecutados por anestesistas durante operaciones.

También tengo una plataforma de motivación y liderazgo llamada ‘The Paramont Leadership’. Aconsejo y doy charlas a ejecutivos, deportistas, estudiantes… sobre cómo tener éxito en sus respectivos mundos. Hay un blog en la web. Es también mi segundo año en el master de ejecutivos de la escuela de negocios de Harvard”.