Diego Pérez: Más basket y rock

Diego Pérez: Más basket y rock
León, temporada 96-97.

Javier Ortiz Pérez

Hace no mucho conté en ACB.com la historia de José Luis Supervía, el tipo que, tras jugar en la máxima categoría, había abrazado el rock, aunque sin perder de vista el basket. Pensé que era una historia casi única. ‘Casi’, porque me he encontrado a Diego Pérez, otro que tal… canta.

Pérez tuvo dos etapas con León en la élite, la 96-97 y la 98-99. En total, 41 partidos de poca relevancia estadística (2,6 puntos en 9 minutos de media). Era un alero “de raza, completo, más tirador que penetrador”, me cuenta el gran Chema de Lucas.

Sí tuvo más presencia en la LEB con equipos como Alicante, Melilla y Complutense y hasta se asomó a la liga portuguesa con el Belenenses. “Era muy joven y todos esos momentos se viven con gran intensidad. Desde luego una época bonita la de competir con los mejores y crecer como profesional y persona. Grandes partidos, grandes entrenamientos, jugar ante muchísimas personas y disfrutar con ello fue una maravilla. León es una gran ciudad y disfruté mucho en el equipo, muy buena gente, un gran campo y maravillosos días de basket”, cuenta ahora, con una evidente pasión.

Sin embargo, también reconoce aspectos negativos en todo aquello: “En esos años sacrificas otras cosas, como en mi caso el tiempo de estar con mi familia y mujer, pero bueno, todo ello lo intento recuperar y disfrutar de ella y nuestra hija Daniela”.

En la actualidad, vive en Galápagos, una pequeña localidad de Guadalajara. Fue en la capital alcarreña donde pasó sus ocho últimos años en las pistas, desde la LEB-2 (o Plata) a la Bronce o a EBA. Es fácil deducir que se convirtió en todo un símbolo hasta que colgó las botas, en el 2010. Su tiempo libre, además de la familia y el baloncesto, lo emplea en la música. “Toco la guitarra y canto en dos grupos de rock, ‘Thomb’ y ‘Munlöv’, dónde intentamos hacernos un huequillo y sobre todo disfrutamos de la música y de tocar en directo”, apunta.

Es más una afición que un trabajo, porque en el ámbito laboral, ahora mismo está trabajando en una nave de logística en Guadalajara. “Llevo poco tiempo ya que trabajé 7 años como administrativo para una constructora, pero con la situación actual la empresa casi quebró y fuimos a la calle la mayoría y ahora pues intento encontrar algún trabajo estable”, explica.

Realmente transmite ser un tipo especial. “Fuimos muchos los que dimos todas nuestras fuerzas e ilusiones por este deporte (sin llegar a ser estrellas ) y después de muchos años solo quedan nuestros recuerdos y un cuerpo bastante castigado por la exigencia de la alta competición”, apostilla.