Valentín Ruano: El ‘hombre 47’

Valentín Ruano: El ‘hombre 47’
En acción con el OAR Ferrol (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Lo primero que uno piensa sobre Valentín Ruano es que es gallego. Pero no. Es madrileño, aunque hace ya muchos años que el baloncesto le llevó al noroeste peninsular y allí se quedó, siendo uno más, con ese acento musical y pegadizo del que es imposible abstraerse, ni siquiera cuando uno va de visita.

Ruano empezó en el Colegio San Agustín, en la capital de España, pero cuestiones familiares le llevaron a pasar la mayor parte de su infancia en Velilla de San Antonio, a unos 30 kilómetros. Con 14 años fichó por el OAR Ferrol, participando muy activamente en los Campeonatos de España de categorías inferiores y llegando a debutar en la actual Liga Endesa en 1985, con apenas 17 años. En esa ciudad que mira al mar como forma de vida estuvo hasta 1993. “Mucha gente piensa que soy gallego. Bueno, digamos que tengo doble nacionalidad”, bromea.

Su identificación, exactamente igual que aquel grupo de jugadores que crecieron juntos, fue amplia en el equipo ferrolano, intercambiando las posiciones de alero y pívot (“siempre jugué bien de espaldas, pero poco a poco me fueron poniendo por fuera. Al principio me costó, pero luego me adapté”). Mide 2,00 metros, lo que le dejaba pequeño para ser un interior, pese a su fortaleza. En ese papel de comodín, la mayoría de las veces saliendo del banquillo aportando una terrible intensidad, colaboró a los mejores años del basket local, con algunos episodios francamente inolvidables.

El más impresionante es el ocurrido el 3 de noviembre de 1990. Aquel día, una fuerza de la naturaleza llamada Valentín Ruano consiguió 47 de valoración (36 puntos y 12 rebotes con 13/17 en tiros de 2) en la clara victoria del OAR en Ourense (76-96). Según los datos que se conservan, solamente dos nacidos en España firman una actuación de mayor calibre en la historia liguera bajo formato ACB: los 52 de Jordi Pardo en octubre de 1993 y los 48 de Felipe Reyes en marzo del 2003.

La mayor sorpresa llega cuando se confirma que no estamos ante un jugador de grandes números: en sus 139 partidos ACB promedió 4,7 puntos y 2,5 rebotes en 15 minutos. “Es de esos días en los que ves el aro como una piscina. Ocurrió gracias también a Lavodrama, gran jugador y mejor persona, y a día de hoy sigue siendo un gran amigo”, cuenta.

Su única experiencia profesional fuera de Galicia fue en la 93-94 en el Gran Canaria, en Primera. Después, volvió a ‘su’ tierra, primero a A Coruña (una temporada), y después con el Breogán (cuatro), ya en LEB y EBA. “Tras el ascenso en 1999 lo dejé y me quedé a vivir en Lugo”, recuerda. El mejor modo de terminar con una carrera, ¿verdad?

Desde entonces, ha entrenado a jóvenes en el Estudiantes, el club que aglutina a la cantera lucense, y se ha ganado la vida dentro del mundo de la seguridad privada.